Atrapada y sin aliento

Dirrrty Boys

Dirrrty Boys
25/09/2022

¿Cómo narras una historia como esta? Esta es la primera pregunta que se debía hacer, supongo, Gerard Guix cuando se decidió a explicarla. ¿Cuál es el punto de vista adecuado? ¿Qué dejas fuera? ¿Cómo hablas de todo lo que pasó? Y a esta discusión interna me hubiera gustado asistir, no me escondo.

Sin avanzar mucho la trama, ya que es mejor acercarse a este texto sin saber mucho, la obra nos narra la historia real de dos chicos que con 10 años mataron a otro niño. Pero no se centra en el crimen y su investigación, sino en la vida de estos chicos con el paso de los años.

Lo más interesante del texto es su composición. Guix crea una narración cronológica que empieza en el presente y va tirando hacia años anteriores, aquellos que han sido significantes para los chicos.  Y poco a poco, los acompañamos en este viaje que no deja indiferente. Hasta llegar al origen de todo y, ahí, ya nos quedamos sin palabras, con la boca abierta e intentando procesar todo lo que acabamos de ver (y días después aún lo estoy haciendo).

Martí Cordero y Sergi Espina son el chico A y el chico B, los protagonistas de esta historia, pero también los narradores que ponen en contexto a la espectadora a cada paso que se hace. Acompañan al público, le dan la mano y abren la puerta de cada momento. Cordero y Espina tienen una habilidad increíble para transformarse en los protagonistas y dejarse la piel y el alma en cada intervención y, a los dos segundos, cambiar y ser el narrador que, desde fuera, expone al patio de butacas cuál es el contexto en que vive sometido cada personaje. Se van turnando para explicar poco a poco las realidades de los dos chicos y, al mismo momento, exponen cuál es la realidad social exacta de la escena que están llevando a cabo.

Con una escenografía pequeña, casi insignificante, se crea un mundo doloroso y desgarrador que va creando tensión e inquietud a la espectadora, al mismo tiempo que quiere saber más, necesita llevar al final. Y todo esto es gracias a la dirección magistral de Àgata Casanovas.

La destreza con la que los actores narran la historia y la magnífica composición que hace Guix atrapa al público y no lo deja ir ni cuando se apagan las luces.

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