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Atalaya: Rey Lear: Placer sobreexpuesto

Atalaya: Rey Lear
4/05/2021

El rey Lear está tan seguro del amor y la adoración de sus tres hijas hacia él que apuesta toda esta creencia en una idea: pide a cada una que confiesen cuanto lo quieren, según lo que digan repartirá su poder y sus tierras de manera proporcional. Las dos más grandes se deshacen en elogios y amor de palabra hacia su padre y la pequeña, que no quiere mentir, le dice que lo quiere como hija que es. La última respuesta no le satisface y, enfadado, decide desterrarla y repartir su reino entre las dos aduladoras.

Así empieza una de las obras más conocidas de William Shakespeare y en esta ocasión la compañía Atalaya lleva al escenario una producción ambiciosa y potente, marcada por la escenografía y el montaje escénico. Luces, sonidos y puesta en escena son el reclamo principal de este texto tan representado a lo largo de los años.

La estructura de la producción también queda marcada por los momentos musicales, con cantos tradicionales, en formato coro, de los intérpretes que se encuentran en el escenario. Se trata de momentos de calma o exaltación, según es necesario para la narración.

Todo el montaje tiene los elementos necesarios para ser una gran producción atractiva para el público, pero tiene una carencia y es la falta de naturalidad en la interpretación de los versos del bardo. Las actuaciones, marcadas desde la visión de la obra que tiene la dirección, son muchas veces sobreactuadas y sobreexpuestas marcando con cierta exageración el drama descrito en el texto. Las palabras son suficientemente punzantes como para impostarlas añadiendo artificio en su puesta en escena.

Es una obra que augura un placer escénico, pero que se queda a medio camino por esta decisión interpretativa, dejando un gusto agridulce al público.

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