El teatro desnudo. Normalmente, cuando compramos entradas para ir a ver un musical, nos imaginamos una orquesta, bailarines, música y tal vez incluso lentejuelas y purpurina. Grandes montajes con cuarenta personas en el escenario, que nos hacen quedar embelesados únicamente con la espectacularidad de la puesta en escena. No es el caso de Maremar, la última creación de Dagoll Dagom. Si la tendencia, en general, es precisamente a abusar de los efectos especiales (pon más luz, más humo, más potencia de sonido, más vestuario …), aquí volvemos al teatro clásico: únicamente con texto, cuerpo y voz. La escenografía: una gran sábana colgado del techo. La orquesta: alguno de los actores que toca la percusión o el violonchelo, pero la mayoría […]
Montse Sendra
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