Una propuesta que, creo, funcionaría mejor en un teatro más pequeño, donde esta delirante historia contase con la complicidad de no tomarse muy en serio: chico piltrafilla enamorado de su compañera en una floristería de mala muerte, una chica guapa con predilección por los malotes, y del espacio, aparece una planta, Audrey2, loca por la sangre. Si en La Jaula, la producción previa de Llàcer-Guix, eché en falta espectacularidad en una propuesta de brilli brilli, aquí quizás merecería más sencillez. ¿Qué recuerdas al salir? Las Sey Sisters, espectacularmente soul, lo bien que se lo pasa Manu Guix (y lo tiene difícil, tocando, dirigiendo y “doblando” a Audrey2) y lo que al público le gusta el desparpajo y gracias cubanas de […]
Hebert Parodi
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