LA ÓPERA TAMBIÉN ES POR LOS JÓVENES UNDER 35

'Werther', del romanticismo en la comunidad

Del 4 al 17 de mayo llega 'Werther' en el Gran Teatre del Liceu con una función exclusiva, el día 2, para jóvenes menores de 35 años

Entrar en el Liceu siendo joven se convierte en un ritual iniciático y, al mismo tiempo, en un acto disruptivo. No solo porque atraviesas unas puertas cargadas de historia, sino porque el teatro deja de ser un espacio ajeno para convertirse en un lugar en el que puedes sentir que tienes voz. El programa Liceu Under 35 nos acerca al arte y a la cultura desde una experiencia compartida: no se trata solo de asistir a una función, sino de formar parte de un presente y de una comunidad que imagina el Liceu del futuro.

El valor del programa es precisamente ese: proponernos la ópera no como una representación aislada, sino como un espacio de encuentro artístico y emocional. Un lugar donde grandes historias del pasado y propuestas del presente nos interpelan y donde podemos compartirlas con otros jóvenes que también buscan, dudan y desean como nosotros.

Esa sensación de pertenencia cobra una fuerza especial cuando una de las propuestas del programa se articula en torno a una obra como Werther. La historia nace con Las desventuras del joven Werther (1774), escrita por Johann Wolfgang von Goethe con apenas veinticuatro años, y transformada décadas más tarde en ópera por Jules Massenet. Werther habla de la presión de las convenciones, del amor como una fuerza absoluta y también como una herida, de la imposibilidad de encajar lo que deseamos con lo que se espera de nosotros…

Una ópera con personajes actuales

Estrenada en 1892 en la Wiener Staatsoper, la ópera tuvo inicialmente una acogida moderada, pero acabó imponiéndose como una de las grandes obras de Jules Massenet. La producción que llega ahora al Liceu, procedente de La Scala de Milán y firmada por Christof Loy, pone el acento en la psicología de los personajes y en sus relaciones emocionales. La propuesta está ambientada en los años cincuenta; la escenografía austera refuerza la sensación de asfixia emocional de un protagonista que nunca consigue entrar en el espacio de los afectos.

Hay algo profundamente actual en el personaje de Johann Wolfgang von Goethe. Roland Barthes (en Fragmentos de un discurso amoroso, 1977) decía que el enamorado habla solo, que el discurso amoroso es un monólogo fragmentado hecho de repeticiones, de idilios, de angustias… Werther es exactamente eso: un cuerpo joven atravesado por el amor, incapaz de articular ningún otro lenguaje. Nosotros somos, en cierta manera, un poco como él. Quizá por eso la obra nos resuena tanto, porque amar sigue siendo una experiencia tan hermosa como desbordante, tan intensa como inevitablemente frustrante.

Salir del Liceu después de Werther será salir con el corazón un poco más expuesto y conmocionado. Y quizá eso sea lo mejor que nos puede pasar: recordar que amar es frágil, que vivir intensamente tiene sus costes, pero que el arte, sobre todo cuando se comparte, nos acompaña en todas esas contradicciones. Al fin y al cabo, amar sigue siendo una de las cosas más hermosas que podemos hacer.

Más información, imágenes y entradas:

Escrito por
pàblo cavero

Especialista en comunicación cultural y reseñador de espectáculos

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