Hacer pasar miedo en el teatro es, para muchos, una misión imposible. Sergi Belbel lo sabe y, precisamente por eso, vuelve a intentarlo tras experiencias como Turisme rural. El dramaturgo y director estrena en el Teatre Gaudí El casalot, una pieza de terror psicológico protagonizada por Anna Carreño y Gemma Deusedas, que podrá verse hasta el 22 de febrero. La obra sitúa al espectador en el centro de un universo asfixiante, marcado por la violencia emocional, la fragilidad de la identidad y una amenaza constante, tanto interior como exterior.

“Es imposible hacer miedo en el teatro, pero como a mí me gustan las películas de terror, lo quiero volver a intentar”, declara Belbel, que defineEl casalot como “un ejercicio delirante sobre lo imposible”. La pieza arranca en una noche de tormenta, un clásico del género, y sitúa la acción en una casa antigua, oscura y aislada del mundo, donde dos mujeres conviven atrapadas en una relación marcada por el juego víctima-verdugo y por una amenaza que parece venir del exterior.
Sin querer revelar detalles clave de la trama, el director avanza que se trata de “dos mujeres encerradas en una casa tenebrosa” y que la obra articula dos capas de terror: una violencia íntima, que se despliega en la relación entre las protagonistas, y una violencia exterior que funciona como metáfora del momento actual. “Solo hay que ver las noticias para darse cuenta de que no hay nada seguro y que cualquier cosa es posible”, apunta.

Gemma Deusedas
Uno de los elementos centrales del montaje es el juego de identidades fragmentadas: los personajes cambian de nombre, de personalidad e incluso de recuerdos cada vez que entran y salen de un espacio que parece tener vida propia. Esta intensidad constante convierte El casalot en un reto interpretativo exigente. “Existe una gran intensidad desde el principio que se mantiene durante toda la obra”, señala Deusedas, mientras que Carreño destaca el desgaste vocal y físico que implica la pieza: “Es un gran reto vocal, porque tienes que hablar, gritar y llorar al 100%”.
Una experiencia inmersiva
La puesta en escena apuesta por un formato que “rompe las reglas” y convierte la función en una experiencia de 360 grados. El escenario se sitúa en el centro de la sala, rodeado por cuatro graderías, y se añade una fila cero que permite a algunos espectadores vivir la obra desde el propio salón de la casa. Aun así, Belbel lo deja claro: “Esto no es Horroland ni el tren de la bruja. No tocamos a nadie ni hacemos participar a nadie; solo tienes percepciones”.

Anna Carreño
Aunque El casalot es la primera incursión directa de Belbel en el terror teatral, su interés por el género viene de lejos. El proyecto nace hace más de veinte años como un homenaje a ¿Qué fue de Baby Jane? y se ha ido retomando en distintas etapas hasta tomar forma definitiva durante la pandemia. Además del clásico protagonizado por Bette Davis y Joan Crawford, la obra dialoga con referentes como Psicosis, La niebla, El resplandor o El exorcista, siempre desde una mirada centrada en el terror psicológico. “El terror es sobre todo mental, pero también hay un poco de sangre y vísceras”, advierte el director.
“Es una reflexión sobre el horror en todos los ámbitos, también en las relaciones humanas”.
Con esta propuesta, Sergi Belbel asume el reto de hacer temblar al público desde la proximidad, sin artificios gratuitos, y de explorar por qué el terror —y especialmente el terror femenino— sigue siendo un territorio lleno de preguntas incómodas: “Es una reflexión sobre el horror en todos los ámbitos, también en las relaciones humanas”.
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