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MUSICAL

Todo buen actor esconde una gran actriz

El Teatre Apolo estrena el musical 'Tootsie' y se transforma en el plató televisivo en el que se está rodando una sitcom con sorpresa travestida.

¿Eres actor? ¿Estás convencido de tu talento pero también harto de presentarte a castings que no te llevan a ninguna parte, a veces (hay que reconocerlo) por culpa de tu carácter un poco demasiado exigente y soberbio? Entonces deja de darle vueltas: cómprate una buena peluca y un vestido a juego, busca dentro de ti tu lado más queer y preséntate a un casting convocado exclusivamente para actrices. Con un poco de suerte —aunque sea haciendo trampa— quizá ahí triunfes, y puede que incluso consigas el papel de tu vida.

Si eres amante del cine, ya sabes que eso es precisamente lo que le ocurría a Dustin Hoffman en Tootsie, la célebre comedia dirigida en 1982 por Sidney Pollack, que se convirtió en un clásico instantáneo de un género que siempre ha sabido sacar buen partido humorístico del cambio de género. Entre sonrisas y carcajadas, la película supo jugar con reveladoras ambigüedades y con transgresiones que a menudo tenían vedadas otros géneros teóricamente más serios.

Y ya sabes cómo funcionan las cosas en Broadway y en el West End londinense: la tendencia dominante de los últimos años marca que cualquier película de éxito —especialmente si es una comedia— tiene muchas posibilidades de acabar convertida en un vistoso musical. A Tootsie le llegó su turno en 2019. Y se puede decir que el espectáculo cayó en buenas manos, especialmente por sus números musicales, firmados por uno de los talentos más singulares del musical anglosajón actual: David Yazbek, autor también de la partitura y las letras de The Full Monty, Women on the Verge of a Nervous Breakdown o The Band’s Visit, obras todas marcadas por su humor afilado y su mirada humanista.

En cualquier caso, cuando llegó la noche de los Tony Awards, los premios más codiciados del teatro estadounidense, no fue él sino Robert Horn, autor del libreto, quien se llevó el galardón a casa. Más allá de reconocer la brillante escritura del espectáculo, algunas voces lo cuestionaron, recordando que desde 1982 ha llovido mucho en cuanto a la representación escénica y audiovisual de los estereotipos de género y los personajes que, por una u otra razón, cambian de identidad.

Aun así, no conviene ponerse demasiado exigentes con este Michael Dorsey, interpretado aquí por Ivan Labanda, que decide transformarse en Dorothy Michaels y que, una vez inmerso en una alocada sitcom que pondrá a prueba su identidad, acaba enamorándose de una compañera de trabajo: Julie, encarnada por Diana Roig. Como puedes imaginar, el enredo está servido…

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Escrito por
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Crítico teatral vinculado a La Vanguardia desde 1997, donde firma artículos y entrevistas en el suplemento “Què Fem?”. Dirige la sección “Teló Esquinçat” en Teatralnet y colabora con el Gran Teatre del Liceu. Es coautor del libro “Liceu Òpera Barcelona” (Ara Llibres, 2009) y escribió para la revista “BarSALona” (1994-1998).

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