La Laia y el Guillem llevan días sin dormir bien: en algún rincón de su pequeño piso de Barcelona se ha instalado un grillo. No lo ven, pero lo oyen chirriar sin parar. Es muy insistente. Lo que empieza como una simple anécdota doméstica acaba convirtiéndose en una gran explosión. El ruido del grillo se infiltra en la relación y se transforma en una metáfora de los conflictos de la pareja: es la conciencia que no calla, que resuena al fondo de la mente y que les obliga a preguntarse qué está fallando.

Del 5 de marzo al 27 de abril, la Sala Flyhard acoge El grill, una comedia escrita y dirigida por Dani Amor y Serapi Soler. En el escenario, Anna Bertran y Jose Pérez Ocaña dan vida a esta pareja que, mientras busca al insecto, acaba reflexionando sobre el lugar en el que viven, el trabajo, los hijos y el futuro compartido.
¿De dónde surge ‘El grill’?
La idea de convertir a un grillo en el protagonista en la sombra de esta obra nace de una historia real. “Una familiar mía que vive en Barcelona, cerca de Balmes con Mitre, me contó en una comida que llevaba una semana con un grillo en casa: lo oían, pero no lo encontraban”, explica Serapi Soler, coautor y codirector de la obra. Llegaron a un punto en que se preguntaban si lo estaban imaginando. “Salí de aquella comida pensando que ahí había algo interesante, misterioso y divertido”, recuerda el autor y director. Lo compartió y se pusieron manos a la obra con Dani Amor, con quien ya había trabajado en La gran ofensa, una obra que quedó truncada por la pandemia. “Guardábamos muy buen recuerdo y siempre decíamos que teníamos que volver a hacer teatro juntos”, explica Soler.
“Hablamos de la crisis de la vivienda, de la crisis laboral, de la decisión de tener hijos o no”
Procedentes del audiovisual, echaban de menos la continuidad y el contacto directo con los actores. “Somos muy fans de la comedia y nos encanta ver a los intérpretes de cerca, trabajando un texto que hemos escrito entre los dos”, apunta.

Problemas intergeneracionales
Aunque El grill podría leerse como un retrato generacional, Dani Amor lo matiza. “Hablamos de la crisis de la vivienda, de la crisis laboral, de la decisión de tener hijos o no —concreta—. Son temas que podrían parecer propios de la gente de 30 años, pero nos hemos dado cuenta de que son intergeneracionales”, señala. Por eso, la decisión de contar con Anna Bertran y Jose Pérez Ocaña no es casual. Los personajes no son jóvenes desorientados, sino adultos que ya han entrado en la cuarentena. “Nos interesaba que fueran actores con una edad en la que, en teoría, ya deberías tener consolidadas ciertas cosas: el trabajo, la vivienda, el proyecto de vida…”, explica Amor.
El grill no habla solo de un insecto que no se deja atrapar, sino de un malestar compartido. Amor y Soler utilizan la comedia para iluminar —y hacer sonar con insistencia— todo aquello que chirría cuando las expectativas no se han cumplido. Quizá el grillo nunca desaparece del todo; quizá lo que cambia es la manera de escucharlo.
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