La reina lloba llega esta semana a la Sala Petita del Teatre Nacional de Catalunya como la tragedia que William Shakespeare nunca escribió sobre Margarita de Anjou, un personaje clave de sus piezas históricas. El dramaturgo y director Pau Carrió firma un espectáculo en verso, en catalán, que rescata la figura vilipendiada de la reina guerrera y la convierte en el centro de su propio relato.
La tragedia que Shakespeare no escribió
Presentada como “la tragedia sobre Margarita de Anjou que Shakespeare no escribió”, la pieza construye un puzle a partir de fragmentos de Enrique VI (partes I, II y III) y Ricardo III, combinados con textos originales de Carrió para llenar los silencios del Bardo. El resultado es un recorrido vital que comienza con una reina vieja y desposeída y retrocede hasta la joven prisionera de dieciséis años, para avanzar después a lo largo de una existencia marcada por la lucha por el poder en un mundo de hombres.

La directora artística del TNC, Carme Portaceli, ha situado el estreno dentro de “una temporada dedicada a las mujeres y a devolverles un relato que tradicionalmente les ha sido robado”, y ha subrayado que Carrió sitúa en el centro a un personaje que en Shakespeare aparece a menudo como una sombra. En este sentido, la obra permite que Margarita “se explique extensamente” y asuma su parte oscura sin voluntad ejemplarizante.
Buen conocedor del corpus shakespeariano, Carrió defiende que Margarita de Anjou merece una tragedia propia porque no encaja en el arquetipo de las mujeres que se quiebran y acaban suicidándose. En su lectura, es una figura que se relaciona con el poder, lo toma y lo disputa, y que es tachada de bruja o de loba por los mismos hombres que actúan con una brutalidad equivalente. El director ha señalado que esta violencia no es ajena al presente y que no se siente obligado a una fidelidad literal a los originales: Shakespeare, acostumbrado a ser removido, no se pondría nervioso.

La protagonista es Maria Rodríguez Soto, que afronta un papel que ella misma define como “un reto” y también “un marrón”. La actriz destaca que La reina lloba es una obra de emociones básicas e intensas en la que el personaje exhibe instinto de supervivencia, razón política, amor, odio, sadismo e impulso de venganza. El recorrido escénico le permite jugar con una evolución física y mental muy marcada y con la hiperconciencia de un destino ya escrito.
El montaje es un viaje coral con siete intérpretes que encarnan una docena de personajes —Quim Àvila, Pepo Blasco, Queralt Casasayas, Josep Julien, Xavi Ricart, Pau Roca y David Vert—, con música en directo de Ana Nicolás de Cabo. Carrió opta por una puesta en escena isabelina y metateatral, con un espacio prácticamente vacío, cambios rápidos de vestuario y la palabra como motor visual para que la imaginación del espectador construya palacios y campos de batalla.
La reina lloba es una revisión contemporánea de un personaje histórico y literario de primer orden y abre un espacio para que una mujer asociada durante siglos a la crueldad y el exceso pueda explicarse con todas sus contradicciones.
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