Lluites i metamorfosis d’una dona, el nuevo montaje de Tanttaka Teatroa basado en el texto autobiográfico de Édouard Louis, considerado una de las voces más incisivas de la literatura europea contemporánea, llega a La Fábrica dels Teatres del Farró, donde podrá verse hasta el 1 de marzo.
A partir del hallazgo fortuito de un autorretrato de juventud, el autor reconstruye la historia de una mujer marcada por la sumisión, el silencio y la violencia patriarcal, humillada por la sociedad, por el entorno familiar y también por su propio hijo. A los cuarenta y cinco años, sin embargo, esta mujer, basada en la figura de su propia madre, inicia una huida decisiva que se convierte en un proceso lento pero irreversible hacia la libertad, hasta culminar en un reencuentro que restituye, públicamente, su dignidad.

En escena, Eva Trancón encarna a esta mujer en plena metamorfosis, mientras que Jaume Madaula asume el papel de Édouard Louis. La dirección y el diseño escenográfico corren a cargo de Fernando Bernués, que propone una puesta en escena austera y de gran proximidad emocional.
Un diálogo confesional y reparador entre madre e hijo
El punto de partida del relato, tal como explica el director, es la rememoración “de una mujer apartada de todo, subyugada e incluso humillada por la violencia masculina, que a los cuarenta y cinco años se rebela, huye y, poco a poco, construye su libertad”. El director subraya que se trata de “la metamorfosis de una mujer destruida por la sociedad patriarcal, la familia e incluso por su hijo”, antes de llegar a un reencuentro que “devuelve, públicamente, la dignidad a su madre”.

En la apuesta escénica, el personaje del hijo “invita” constantemente a la madre a compartir la escena. Su presencia es casi silenciosa, con breves intervenciones verbales, pero se vuelve emocionalmente central gracias a la proyección, a dos bandas, de un primer plano que acompaña su tránsito interior “por todos los rincones emocionales de un texto sin ninguna condescendencia y valiente hasta la honestidad más autocrítica”, según apunta el propio Bernués.
“Un imprescindible diálogo confesional y reparador entre madre e hijo, con el público como testigo privilegiado”
La acción tiene lugar en un espacio escénico reducido y profundamente íntimo: una tarima estrecha y alargada, con el público situado muy cerca de los intérpretes, a ambos lados. Este dispositivo convierte el montaje en una propuesta que va más allá de un monólogo y lo transforma en “un imprescindible diálogo confesional y reparador entre madre e hijo, con el público como testigo privilegiado”.
Con Lluites i metamorfosis d’una dona, Tanttaka Teatroa apuesta por un espectáculo valiente y honesto que interpela directamente al espectador y reafirma el teatro como espacio de memoria, denuncia y reparación, y sitúa en el centro la lucha silenciosa —y heroica— de una mujer por recuperar su libertad en un mundo con cabeza y cuerpo de hombre.
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