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Sergi Vizcaíno: “Si lo piensas, debería ser más fácil dar miedo en teatro que en cine”

21 septiembre 2016
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Director de películas como XP 3D (2011) y cortometrajes como Tight (2006), La despedida (2008) o Día de matanza (2002), Sergi Vizcaíno es un hombre de cine habitual del terror y lo fantástico que ha participado en varias ocasiones en el Festival de Sitges. Con la obra La luz más oscura da el salto definitivo al mundo teatral (después de haber probado con varias piezas de microteatro) con un género que no es muy habitual ver en nuestros escenarios.

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SERGI VIZCAÍNO: Disfruté mucho montando los microteatros en su día y tenía ganas de más. Para mí, es muy interesante encontrar nuevos medios para explicar historias. Al fin y al cabo, eso es lo que quiero hacer, por encima de ser director de cine o dramaturgo: contar historias. Y cuantos más caminos encuentre para hacerlo, más divertido y enriquecedor será para mí.

TEATRE BARCELONA: ¿Qué podemos esperar en el caso de La luz más oscura?

S.V.: Se trata de una obra de teatro de terror basada en historias reales, cercanas, con componentes personales y personajes reconocibles del día a día. Podría tratarse de nuestros vecinos, nuestros amigos o familiares. Así, los sucesos paranormales o demoníacos que les ocurren nos resultan mucho más aterradores. Y, además, todo pasa delante de nosotros, en vivo, con un ritmo trepidante y toda una serie de cuestiones que quedan en el aire como, por ejemplo: ¿realmente sabemos distinguir la oscuridad de la luz o el bien del mal?

T.B.: ¿Qué es lo que más te gusta del teatro en comparación con el cine?

S.V.: Lo que más me gusta del teatro es la creación del proyecto, desde que surge la idea original hasta la última reescritura. Esa parte la he disfrutado mucho. Y también la dirección de actores. En teatro, puedes trabajar mano a mano con los intérpretes, incluso más que en cine.

T.B: ¿Y, por el contrario, qué dificultades te has encontrado?

S.V.: En teatro nunca se llega a alcanzar esa idea de producto definitivo como en cine. Cada función es distinta porque pasan cosas diferentes, pueden surgir imprevistos que los mismos actores tienen que corregir y, aunque tú estés allí durante la función, no puedes hacer nada. No puedes cortar y volver a rodar.

T.B: ¿Qué haces en esos casos?

S.V.: Me como las uñas. (Risas). No puedes hacer nada. Lo paso fatal viendo una obra mía pero forma parte de la magia. Lo que hay que hacer, creo yo, es plantear tu trabajo de otra manera desde el principio. Con una obra de teatro no aplico una visión tan cerrada sino que dejo cierta libertad para que los actores se habitúen al personaje y así, si surge cualquier cosa, podrán adaptarse y minimizar los imprevistos.

T.B: ¿Crees que una obra de teatro permite elaborar el material con más tiempo que cuando se trata de una película?

S.V.: Los tiempos son distintos aunque me resulta difícil de calibrar. En preparación de proyecto, es más o menos lo mismo pero, por ejemplo, en teatro no existe el rodaje. En teatro, estrenas. Hay ensayos generales pero una vez estrenada, ya va sola… y allí ya poco puedes hacer. Algunas veces, puedes incorporar ideas nuevas. Ésa es otra de las ventajas: la obra puede ir mejorando cada día.

T.B: El hecho de no tener que estar pensando en el plano o en toda la parte técnica, ¿te permite dar más importancia al trabajo de los actores en el teatro?

S.V.: Yo pensaba que sería así pero, en realidad, eso no es exacto. La cuestión es que cuanta más experiencia he ido teniendo en cine, más me he ido dando cuenta de lo importante que son los actores. Al principio, es cierto, solo piensas en los planos pero luego maduras y ves que no son lo prioritario. Así que podríamos decir que trato de darle importancia a los actores tanto en cine como en teatro. Además, aunque no lo parezca, en el teatro también hay muchos elementos técnicos como el sonido, el vestuario o la iluminación, que sería el equivalente a los planos o movimientos de cámara porque marca el punto de vista del director.

T.B.: ¿Cómo abordas, entonces, el trabajo de los actores?

S.V.: Mi objetivo es que ellos encuentren el personaje. Pienso que, si lo consiguen, ésa es la mejor manera de que la obra tenga calidad.

T.B.: Eso ayuda a solventar cualquier dificultad que pueda surgir en una función en directo, ¿no?

S.V.: Exacto. Solo tienen que vivir el personaje y amoldarse a cualquier tipo de circunstancia. Si trabajan con textos o acciones muy cerradas y sucede algo imprevisto, puede que no sepan qué hacer. Mi idea es que sean el personaje y con eso debería bastar. Además, es algo que se nota. Llegado el momento en el que empiezan a jugar y crear cosas nuevas, es cuando todo funciona. A mí eso me encanta.

T.B.: ¿Estás contento con el equipo de actores de La luz más oscura?

S.V.: Son una delicia. Y un equipazo. Nos lo pasamos muy bien juntos. Por supuesto, tenemos nuestras pequeñas tensiones en algún momento, pero es normal que eso pase. Son gente con mucho talento, mucha experiencia y le ponen muchas ganas. Ya no puedo imaginarme a otros actores para estos papeles.

T.B.: ¿Cómo se consigue producir miedo al espectador con una obra de teatro?

S.V.: Estamos acostumbrado a ver cine de terror y, sin embargo, si lo analizas, ¿cómo se consigue dar miedo con una película? Es raro. Si los actores ni siquiera están ahí de verdad. Están grabados hace meses o un año… y, aun así, te da miedo. El teatro tiene muchos elementos a favor: imagínate los personajes en vivo sufriendo el terror a unos pocos metros de ti. En realidad, si lo piensas, debería ser más fácil dar miedo en teatro que en cine.

T.B.: ¿Cuál es la base común para todo esto?

S.V.: La clave está en que el público empatice con el personaje. Si el protagonista tiene miedo, eso tiene que transmitirse al espectador. Ése es el secreto. Por eso, La luz más oscura no es una obra de sustos, aunque también los hay, por supuesto. Pero lo que buscamos es, a través de contextos sociales, la identificación de la gente. Ahí es donde añadimos los fantasmas, el demonio, los asesinatos, etc.

T.B.: De todas formas, el factor “directo” es lo que parece más atractivo…

S.V.: Sí. Lo es. Aunque, para los más desconfiados, quiero aclarar que no tocamos al público, ni le tiramos cosas encima, ni nada de eso. Pueden estar tranquilos. (Risas). Emocionalmente, jugamos con la tensión, un miedo latente y una historia que atrapa porque lo que sucede resulta interesante.

T.B.: Una historia de terror con contenido.

S.V.: He procurado que lo que la obra cuenta tenga un trasfondo universal para que, moralmente, surjan preguntas. En concreto, se trata de tres historias que deberían funcionar tanto aquí como en cualquier país del mundo.

T.B.: ¿Cuáles son tus referentes del género que nos puedas confesar?

S.V.: A nivel novela, me encanta Stephen King. Lo leo desde pequeño y siempre lo he disfrutado muchísimo. Y no por el terror en sí. Lo que más me gusta de este escritor es que trabaja muy bien los personajes. Realmente, podrían estar en una película estrictamente dramática, sin necesidad de que fuese de género y sería, de la misma forma, muy potente. Pero luego él añade esos elementos terroríficos, de fantasía o ciencia ficción. Eso hace que sus libros sean tan interesantes.

T.B.: ¿Por qué crees que nos gusta ir al cine o al teatro a pasar miedo?

S.V.: Es una sensación instintiva que nos gusta hacer aflorar sabiendo que no supone un peligro real. Como el puenting o los deportes de riesgo. Es catártico, sueltas adrenalina y puede resultar incluso liberador. Si, además, te entretiene, es normal que todo el mundo lo perciba como una experiencia tan disfrutable.

T.B.: ¿A ti qué te da miedo?

S.V.: En la vida, creo que lo que más miedo me da está asociado al concepto de pérdida. Perder algo para siempre es algo que no tiene remedio y, cuando algo no tiene vuelta a atrás, hay que tener mucho cuidado. El miedo a perder algo puede llegar a paralizarte. Por eso, no me gusta tener miedo. A no ser que lo pueda superar. Por ejemplo, los valientes son gente con miedo que siguen adelante, a pesar de sus temores. No tener miedo es de ser un inconsciente. Yo trato de ser valiente y avanzar porque pienso que eso nos puede ayudar a todos a llegar más lejos con nuestros propósitos.

T.B.: ¿Existe alguna posibilidad de que La luz más oscura acabe siendo una película?

S.V.: La podría adaptar a la gran pantalla y podría funcionar. Sería una de esas películas con capítulos entrelazados. Pero necesita mucho trabajo de guión. Me lo he planteado y se podría hacer perfectamente porque tienes la historia… pero no sería un proceso fácil. No sería solo coger lo que sucede y filmarlo. Sería mucho más complejo, aunque también interesante. Ese cambio de formato seguro que enriquecería toda la historia.

Iván F. Mula

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