El Teatre Principal ha iniciado finalmente las obras de rehabilitación que deben devolver la actividad cultural a uno de los espacios escénicos más emblemáticos de la ciudad. Situado en La Rambla y cerrado desde 2017, el edificio —de cerca de 10.000 metros cuadrados— afronta una transformación integral impulsada por el grupo hotelero Atir Hospitality, que invertirá 45 millones de euros en un proyecto con una duración prevista de unos 30 meses, en el marco de un acuerdo con la familia Balañá, propietaria del inmueble.

Si se cumplen los plazos, el Principal podría reabrir a finales de 2028. “El Teatre Principal forma parte de la historia cultural de Barcelona y creemos que un espacio con este legado merece recuperar y ampliar su función para que vuelva a ocupar un lugar central en la vida cultural de la ciudad”, afirma José María Trénor, fundador y CEO de Atir Hospitality. “Nuestro compromiso es rehabilitar el edificio respetando su valor patrimonial y devolverlo a los ciudadanos como un punto de encuentro vivo para la cultura”.
Las obras se desarrollarán por fases y comenzarán con la restauración de la fachada, incluyendo la recuperación de las vidrieras originales de ocho metros de altura. El proyecto, a cargo del despacho Batlleiroig, preservará espacios como la Cúpula Venus, el Teatro Latino y el frontón Jai Alai, así como la sala principal, reconstruida en 1934 en estilo art déco. “Uno de los principales objetivos es articular estos espacios entre sí y mejorar los accesos desde La Rambla y el Raval”, señala Enric Batlle, que también prevé una conexión más permeable con el entorno urbano.

La Cúpula Venus, hoy
Un nuevo polo cultural
Más allá de la rehabilitación arquitectónica, el proyecto plantea un modelo de equipamiento híbrido, con una programación que incluirá teatro, teatro musical, música en vivo y exposiciones temporales, complementada con una oferta gastronómica.
Para definir su posicionamiento cultural, el proyecto cuenta con un consejo asesor integrado por Jordi Sellas, Julia Gómez Cora y Ventura Barba, tres perfiles de referencia en los ámbitos de la creación inmersiva, el teatro musical y la industria cultural. “Es impresionante lo que se puede hacer con este espacio. ¡Es inmenso!”, señala Sellas, que recuerda que el Principal acogió en los años noventa el estreno en la ciudad del musical Rent y uno de los primeros festivales de videoarte de Barcelona. “El Principal puede ser un espacio de cultura de primer orden, no solo de ciudad sino a nivel internacional. Muchas disciplinas diferentes pueden tener su espacio”.

Estado actual de la sala principal
Un edificio con más de cuatro siglos de historia
El Teatre Principal de Barcelona, ubicado en La Rambla número 27, es el teatro más antiguo de la ciudad y uno de los más antiguos del Estado. A lo largo de su historia también se ha conocido como Teatre de la Santa Creu o Teatre de l’Hospital.
Hasta 1729 fue conocido como la Casa i Corral de les Comèdies, donde se representaban obras para sufragar parte de los gastos del Hospital de la Santa Creu. La construcción de un teatro estable comenzó en 1596 y, desde entonces, este emplazamiento ha estado ocupado de forma ininterrumpida por un espacio escénico. Tras diversas reformas, en 1776 se construyó la base de la actual fachada.
Hasta 1833 fue el único espacio teatral de la ciudad. A partir de entonces aparecieron nuevos competidores, entre ellos el Gran Teatre del Liceu, en activo desde 1847, con el que mantuvo una célebre rivalidad entre liceístas y cruzados. Desde 1840 adoptó el nombre de Teatre Principal y, a partir de 1905, combinó teatro y cine.
En 1943 abrió el Cine Latino (actual Teatro Latino), junto con el frontón, una sala de billares y la Cúpula Venus.

Foto del frontón
Tras varias reformas dirigidas por Antoni Bonamusa, y ya en manos del Grupo Balañá, en 1979 se transformó en cine. En los años noventa acogió representaciones teatrales esporádicas, conciertos y recitales, e incluso se planteó su integración en el Liceu como espacio para formatos de pequeño formato. Durante un tiempo fue sala de ensayos de la orquesta y el coro del Liceu.
En enero de 2006 cerró como teatro. Se negoció su adquisición por parte del Ayuntamiento, sin éxito. En febrero de 2013 se anunció una reforma y en octubre reabrió con Toni Albà como director artístico. El proyecto combinaba espectáculos con usos sociales y actividades diversas, pero en 2014 el Ayuntamiento ordenó el cierre de la discoteca que ocupaba la sala principal. Finalmente, en 2017, el espacio cerró definitivamente.
