El poema de Guilgamesh, Rei d'Uruk: un clásico inmortal

Redacció TeatreBarcelona

Es costumbre fechar el inicio de la filosofía justo en el siglo VI antes de Cristo, en Grecia; pero son muchos los testigos que relativizan esta fecha. Bastantes siglos antes de este inicio oficial, en Mesopotamia, se compuso El poema de Guilgamesh: una epopeya que incluye la más antigua reflexión sobre la condición humana.

El Poema tiene una doble relevancia. Por un lado, inicia la literatura conocida de la Humanidad: las tablillas conservadas son los fragmentos de escritura, escritura cuneiforme, más antiguos del mundo por -ahora-.

Por la otra, es una profunda y sabia, antigua y actual reflexión sobre qué son y cómo deben vivir los humanos. Guilgamesh fue rey de la ciudad sumeria de Uruk hacia el 2600 antes de Cristo. El Poema, dividido en doce tablillas de arcilla asirias, es una idealización posterior de este personaje.

Las seis primeras tablillas narran la búsqueda de la gloria por parte de Guilgamesh y su amigo Enkidu, pero, obtenida gloria y fama, Enkidu muere. En las seis tabletas restantes, Guilgamesh llora su amigo, ahora ya no busca la gloria sino la inmortalidad; pero esta investigación también se manifiesta insensata: ningún humano puede rehuir a la muerte. A Guilgamesh, alternativamente, se le ofrece una posibilidad de vida muy humana.

Y como el teatro ha de despertar en los espectadores una relación especial con la vida, tal vez no hay nadie mejor que Oriol Broggi para llevar a escena esta gran historia mesopotámica en un Grec que nos quiere hacer viajar a Asia. Este continente no le es nada desconocido.

Con Èdip, esta temporada en el Teatro Romea, desde que puso en marcha La Perla 29 ha dirigido, por ejemplo, L’orfe del clan dels Zhao (2014), Antígona (2006) o Incendis (2012). Y puestos a contar grandes historias, afronta el reto de inaugurar el GREC, y estrenarse en el Teatro Grec, con una de las historias más antiguas del mundo.

La clave del dominio escénico de Broggi está también en la proyección del discurso. Así, la historia de amistad y de descenso a los infiernos de El poema de Guilgamesh no tiene una única versión verdadera, sino muchas. De ahí que, hoy, se pueda contar la historia con una cierta libertad. Oriol Broggi afronta el reto y, seguramente, lo hace con el espectáculo más ambicioso de la compañía. Un montaje de gran formato que promete transportar el escenario del Teatre Grec a los primeros momentos de nuestra civilización.

Una de las características del teatro de Broggi suele ser la desnudez del escenario. Una escenografía sobria y austera que hace trabajar la imaginación. Curiosamente, muchas de sus obras tienen un elemento en común. La arena. Nos adelantan que habrá un suelo de arena. También una iluminación lateral, la puesta de sol, danza y movimiento, unas guitarras que nos recuerdan que, de hecho, estamos en la orilla del mar Mediterráneo, entre el Tigris y el Éufrates … Son elementos que La Perla 29 ha usado a menudo en sus montajes y que, en esta ocasión, también formarán parte de la función, durante la que se potenciará el aspecto telúrico que ya tiene de por sí el escenario de Montjuïc. A partir de la dramaturgia de Jeroni Rubió, dirá el texto, una recitación sobria y tranquila ideal para ser escuchada bajo el cielo estrellado y el sonido de los grillos, un reparto excepcional de actores y actrices – Marcia Cisteró, Toni Gomila, Sergi Torrecilla, David Vert, Ernest Villegas, Marta Marco, Clara Segura, Lluís Soler y Ramon Vila dispuestos a ofrecernos otra versión de la historia, tan tranquila como llena de misterio.

La literatura tiene por tanto un sentido mágico, no en vano cuando se inventa por primera vez el relato complejo es aproximadamente hace unos cinco mil años, en Mesopotamia, cuando con la epopeya de Guilgamesh intenta dar respuesta a un enigma que aún sigue vigente y que es: ¿qué le espera al ser humano después de la muerte? ¿Por qué el ser humano está condenado a morir si los dioses son inmortales? No se ha encontrado la solución y es muy probable que La Perla 29 tampoco la encuentre. Al terminar El poema de Guilgamesh el héroe sumerio no ha alcanzado la inmortalidad de los dioses a la que aspiraba, pero muchos siglos después podemos constatar que su anhelo se ha visto satisfecho en conseguir la inmortalidad de los hombres y pasar a la historia. Cuando miramos atrás para buscar los orígenes de la escritura, su figura aparece majestuosa.

Redacción: Oriol Puig / @ori_uri

Imagen: Clara de Ramon

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