El Liceu estrena mundialmente 'L'enigma di Lea'

El Gran Teatre del Liceu estrena mundialmente la ópera de nueva composición de Benet Casablancas con el texto del profesor y filósofo Rafael Argullol el próximo 9 de febrero. La nueva producción del Liceu cuenta con la dirección de escena de Carme Portaceli, la dirección musical de Josep Pons y un reparto excepcional con Allison Cook como Lea, José Antonio López como Ramo, Xavier Sabata como Dr. Schicksal, y hasta un total de once solistas que se completan con una gran presencia de coro en el escenario -más de 70 coristas- y una orquesta de 78 músicos en el foso. Televisió de Catalunya grabará la nueva ópera y la retransmitirá posteriormente en diferido. Por su parte, Catalunya Música lo emitirá en directo el día 12 de febrero.

El proyecto surge en 2011, cuando los dos autores colaboraron en una obra donde la literatura y la música convivieran de forma equilibrada. L’enigma di Lea es considerado un cuento mítico por el mismo autor, un mito que entra en confusión con la propia realidad. Esta historia es una historia de amor, aunque así mismo la historia de un secreto. Según Argullol “la portadora de este secreto, Lea, es una mujer que, después de ser sometida a circunstancias excepcionales, convertida en protagonista absoluta, deambula por el espacio y el tiempo, por los países y por los siglos, náufraga en la existencia, poseída por una pasión casi imposible de canalizar”.

La música –aunque siempre dialogante con el escritor- sigue el relato, dando carácter, acompañando y definiendo a los personajes que se van presentando ordenadamente en la secuencia escénica. La obra se organiza en tres partes y quince escenas, y en principio estas tres partes responden, en la estructura musical, a la idea de exposición, scherzo y finalmente «movimiento lento», tal como nos explica Casablancas. Desde el punto de vista sonoro, cada personaje tiene características singulares que le dan carácter: la tesitura y un tratamiento vocal diferente señalan una opción teatral.

En cuanto a la puesta en escena, Carme Portaceli sitúa el primer acto en “un futuro distópico, referencia visual para cualquier europeo del siglo XXI. Un mundo uniforme, donde todo el mundo piensa igual, viste igual, como si se perteneciera a una secta de la cual, si sales, eres uno outsider inmediatamente y tienes que ser castigado y «uniformizado». Un mundo de terror.” En el segundo y tercer actos Portaceli hace volver la acción a nuestros días, a un tipo de «manicomio» donde hay los outsiders que tienen que ser tratados para ser como todo el mundo. “La esencia del mundo distópico ya existía a nuestro presente”, asegura la directora.

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