El tío Vania de Anton Chéjov se estrenó en 1899 en el Teatro de Arte de Moscú. Desde entonces se han realizado muchas producciones, versiones, adaptaciones y toda clase de obras cada vez más imaginativas como ésta de Simon Stephens.
Durante el Grec de 2017 se pudo ver una propuesta de Àlex Rigola con un Tío Vania con 4 actores y 60 espectadores en busca de la esencia de Chéjov dentro de una caja. Vimos a Tío Vania en diciembre del 2021 con una propuesta de Oskaras Korsunovas en el Teatre Lliure de Montjuïc y un reparto de lujo que no olvidaremos.
Del autor Simon Stephens hemos visto recientemente (2023) una obra para un solo intérprete Una cançó llunyana (Song From Far Away). Y ahora en la misma línea vemos a Vania con un magnífico Joel Joan que nos ha dejado sin palabras.
Con una escenografía más simbólica que real de Albert Pascual, Joan va interpretando a todos los personajes de la obra de Chéjov con pequeños cambios de voz o movimientos posturales con los que reconocemos sin lugar a dudas a todos los personajes de la conocida obra. La dirección de Nelson Valente hace entrar al único actor por una puerta y salir por la misma convertido en otro personaje. En la misma escena puede hablar y responder sin cambiar de sitio. Están todos: Marina, la ama querida por todos, Miguel el médico amigo de la familia, médico rural como lo fue Chéjov (Ástrov) que aparece más a menudo por la casa desde la llegada de Alexander (Serebriakov), marido de la hermana muerta de Vania y de su mujer actual, Elena, seductora, que crea tensiones con su engañosa indiferencia. Ella encarna la belleza inútil y la parálisis emocional; Sonia, la hija de Alexander y de la hermana muerta de Vania, quien junto a su tío han mantenido trabajando incansablemente la finca que heredó la hija. Es el alma más noble y generosa de la obra, enamorada y no correspondida por el médico. Y Maria Vasilievna, la madre de Vania, obsesionada con el que fue el gran éxito de Alexander y su autoengaño intelectual.
Lo mejor de esta propuesta es que un solo personaje es capaz de mostrarnos lo atrapados que están todos los personajes en una mecánica tediosa, en una rendición absoluta, y nos puede mostrar, él solo, un circuito cerrado de relaciones personales y familiares que va a una velocidad pausada y constante como acostumbra a hacer Chéjov, hasta que poco a poco va apareciendo el pasado con toda su fuerza de rencores y reproches hasta llegar a la explosión de la verdad de todo lo que nunca se ha dicho, al clímax con tensión sexual incluida y que finaliza de forma tranquila. Todo vuelve a su sitio, la paz, el orden, el aburrimiento y la pérdida de la esperanza de que algo podía haber cambiado.
