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Hipnótica y delirante adaptación de un clásico

Salomé

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Salomé → Teatre Tantarantana
25/01/2026 - Teatre Tantarantana

La figura bíblica de Salomé, un personaje pasivo, obediente y sumiso, pasa a ser una mujer salvaje, manipuladora y obsesiva, que lleva el deseo hasta un nivel casi vampírico en la versión que Oscar Wilde escribió en 1891, en plena época victoriana, provocando escándalo y prohibiciones. En contra de la moral estrecha de la época, la Salomé de Wilde es sujeto activo de deseos, pasiones, conspiraciones y argucias.

Ante un texto clásico como éste, tan ampliamente representado, como espectadoras esperamos que el montaje dé una vuelta (o las que hagan falta) a la literalidad del texto y aporte algo que lo haga único y recordable. Y cabe decir que este montaje de La Compañía La Cremosa, dirigida por Mia Parcerisa, cumple con este requisito con nota.

Tal y como ocurría en el anterior montaje de la compañía, Purificados (texto de Sarah Kane), también una historia de amor y violencia, el humor y la parodia están presentes en cada detalle, en cada gesto, en cada frase. Y la sensación desde el patio de butacas es que si el delirio está servido con esa elegancia, mala leche, delicadeza, esperpento, sutileza, etc., quieres cada vez más y más, y que no se acabe.

Los actores y las actrices están soberbios, cada uno en su papel. Salomé de Julia Genís es animal, perturbadora, tan rotunda en palabra y gesto que no querrías dejar de mirarla. Por otro lado, Pau Oliver, haciendo de Herodes, es un huracán interpretativo que te deja con la boca abierta, y que permite ver toda la complejidad y absurdidad del personaje que interpreta. La actriz Zúbel Arana, que interpreta a Herodías, madre de Salomé, desde el hieratismo más absoluto, es capaz de transmitir, con la cara y la voz, todos los matices del personaje. Gerard Franch es también un actor de deslumbrante expresividad. Joan Marmaneu y Guillem Font también están geniales en las personajes de sirio y Iokanaan.

Muchas son las propuestas escénicas acertadas, como los números musicales que se van intercalando a lo largo de la obra, como si de repente la escena se hubiera trasladado a un desolado karaoke, a las tantas de la madrugada.

Una obra arriesgada, valiente, que hipnotiza y que atrapa. Desde aquí quiero pedir a la compañía que siga sirviéndonos delirios así.

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