A partir de un hecho real y muy concreto –el curioso sótano de la casa de Barbra Streisand-, Jonathan Tolins escribió un monólogo divertido y nostálgico que se representó con éxito en el Off Broadway. Esta obra, que no dura mucho más de una hora, hará las delicias de todos los mitómanos, porque si una cosa tiene la famosa cantante son fans y seguidores incondicionales. En estos sesenta minutos se habla de su gusto por la decoración, de algunas de sus películas más emblemáticas, de sus trajes más famosos, de sus amantes y maridos… e incluso de un proyecto imaginario que hace volar la imaginación: una nueva versión cinematográfica de Gypsy, de Arthur Laurents, Jule Styne y Stephen Sondheim. Ahora bien, no es un musical… aunque se tarareen algunos temas y se escuchen de fondo muchas de las melodías mencionadas.
Daniel Anglès, adaptador del texto original (Buyer & Cellar) y actor del espectáculo, se mueve en un terreno un poco al margen de lo que estamos acostumbrados a verle. Siempre lo hemos visto dirigiendo o actuando en musicales –de hecho, hace pocas semanas lo vimos celebrando los 30 años de carrera en este género-, y aquí se enfrenta a un monólogo donde la herramienta para llegar al público es solo la interpretación. Es cierto que la temática y todo lo que rodea la trama le es próximo, pero el medio para llegar le exige ahora otras cualidades. Y bien es verdad que el resultado es óptimo. La naturalidad que Jumon Erra, el director, ha impuesto al conjunto hace que consiga un pieza sencilla, emotiva a ratos y bastante creíble, a pesar de que desde el principio se nos dice que todo es ficción. Por cierto, de las tres o cuatro imágenes que se muestran al final yo solo dejaría la primera. La duda que crea dejaría un puntito más de confusión al espectador, cosa que a veces puede tener cierta gracia.