Pensaments secrets

Un diálogo intelectual delicioso

Elsa Álvarez Forges
Una opinión de Elsa Álvarez Forges
12/10/2014

Tuve ganas de ver Pensaments secrets desde que supe que tendría lugar en la Sala Muntaner por muchos motivos: porque David Lodge es un autor que me gusta mucho, porque Mercè Pons y Àlex Casanovas más allá de dos caras conocidas son dos grandes actores y porque la Sala Muntaner casi siempre acierta en las obras que programa. Cabe decir que todas mis expectativas se vieron colmadas con creces. Con una escenografía del todo minimalista, Pons y Casanovas consiguen crear y recrear la atmósfera de una burbuja donde sólo viven ellos dos en el marco de un campus universitario.

La obra es un diálogo constante entre una novelista y un científico acerca del origen de la consciencia y las emociones, sobre ciencia y religión, pero especialmente sobre la materia de la que estamos hechas las personas. Pensaments secrets hace referencia a lo no tangible del ser humano, lo que produce su mente, su consciencia o su alma. La novelista sabe que es un misterio deliciosamente indescifrable, mientras que el científico está convencido de que sólo faltan más años de progreso en la ciencia para llegar a conocer qué combinaciones químicas y sinapsis producen cada emoción concreta que hace reaccionar a los humanos de una manera u otra. Pero en medio de esta conversación, larga e interrumpida, entre ambos surge el deseo.

David Lodge ha construido un texto perfecto que examina con elegancia y precisión el alma humana y más concretamente, la de dos intelectuales que se dejan llevar por el torrente de las emociones. Mercè Pons es la escritora frágil pero realista, y Àlex Casanovas el científico convencido pero hipócrita que será incapaz de explicarse a si mismo sus sentimientos. Hay que felicitar también a Lluís Soler en su debut como director, porque la obra es redonda desde todos los puntos de vista.

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