Con la Compañía Solitaria, Mal de Coraçon agotó entradas hace tres años en la Sala Tallers del TNC.
Victoria Szpunberg con esta obra dio un giro y se decantó hacia el lado cómico. Nos ha sorprendido porque no habíamos visto nada parecido de ella ni como autora ni como directora. No le conocíamos esa mirada juguetona de un espectáculo. Victoria Szpunberg y la directora Andrea Jiménez utilizan todos los recursos para divertirnos: metateatralidad, escenas de clown, actitudes exageradas y desvergonzadas, carrerillas, peleas, momentos musicales y la participación del público que acaba cantando “Boig per tu”. Da la sensación de que la autora, la directora y los tres intérpretes han ido improvisando y creando esta pieza en la que se divierten todos. En algunos momentos se les escapa la risa y la contagian al público que ya empieza entusiasmado en la primera escena.
El argumento es surrealista y se sostiene por tres magníficos intérpretes que representan a tres personajes que no tienen nada en común. Quizás es por eso que las situaciones tan absurdas y cada vez más hilarantes provocan estallidos de risa entre el público.
En un bar pequeño, se encuentran tres personas cargadas de problemas y dificultades. La chica que lleva el bar aguanta el trabajo porque quiere ser actriz y se está preparando para presentarse a un casting para un musical sobre Santa Teresa al estilo de Jesus Christ superstar y durante toda la obra se van recitando los versos de Santa Teresa que recitábamos de pequeñas. Ella es Júlia Barceló y nos demuestra en esta obra el dominio que tiene del escenario. Pau Vinyals es un chico decepcionado por la pérdida de su pareja. No podía haber un intérprete más adecuado para ese papel. La exageración de su pena acaba siendo patética y muy cómica. Pol López es un profesor universitario en fase de expediente disciplinario y dedicado a la bebida. Está espléndido y vemos toda su versatilidad actoral, hace cambios de voz, de registro, mueve el cuerpo según el momento, baila y llega al clímax cantando “Ne me quitte pas” al mejor estilo Aznavour.
Son tres perdedores que se van lamentando y confrontando. La obra no avanza y el hilo argumental se queda atrapado en ese bar y sus fracasos.
