Este espectáculo que ahora se puede ver dentro de la 9ª edición del Festival de Danza Metropolitana ya tiene más de 25 años de existencia. De hecho, se ha recuperado para celebrar el 30 cumpleaños de la Compañía de Roberto G. Alonso, un artista que ha tocado muchas teclas pero que últimamente parece volver más a la parte coreográfica y de danza, que es realmente de donde proviene. De todas formas, Alonso ha desarrollado con el tiempo una manera de hacer y de entender el espectáculo que lo identifican muy rápidamente: la esencia del cabaré, la belleza del cuerpo, los movimientos elegantes y sensuales, la reivindicación de la libertad sexual y del movimiento LGTB, etc.
Lulú, primera nit reivindica una de las figuras claves del teatro de principios del siglo XX, la prostituta que intenta escalar en la sociedad sostenida por una serie de hombres que solo quieren explotarla. Este mito del erotismo y la libertad sexual fue creado por el dramaturgo alemán Frank Wedekind en las obras El espíritu de la tierra y La caja de Pandora, que después darían pie a la famosa ópera de Alban Berg. En este espectáculo de danza, Roberto G. Alonso utiliza simbólicamente los personajes centrales de la pieza sin dejar de lado la fuerza del erotismo y el carácter trágico que Lulú lleva implícito desde su misma esencia (solo hay que recordar que el personaje acaba siendo asesinado por Jack el Destripador).
La pieza es un finísimo ejercicio de estilo, con unas coreografías que muestran todo el rato sensualidad y peligro. La música escogida va desde canción francesa a Kurt Weill y la escenografía o espacio escénico está hecha en un blanco y negro muy destacado. Los protagonistas –unos brillantes Alba Fernández Giménez, Fer Cencillo, Laura Gutiérrez i Marc Lapuerta– llenan la escena y destilan talento en cada una de sus intervenciones.
