Un monumental rompecabezas que reta al espectador
Con L’Albada, la Perla 29 nos sumerge en un viaje histórico descomunal que abarca desde los ecos desgarradores de la Guerra Civil española hasta la euforia de la Barcelona olímpica del 92.A lo largo de las 3 horas y 40 minutos de duración (entreacto incluido), la obra se despliega como un ambicioso tapiz de tramas y subtramas vinculadas entre sí. Su gran acierto es ofrecer una honda revisión histórica a través de un choque intergeneracional: la perspectiva de aquellos que sufrieron en carne propia la guerra y la posguerra, frente a la mirada crítica y curiosa de una juventud nacida en los estertores de la dictadura.
No estamos ante un viaje ligero; la enorme cantidad de acontecimientos entrelazados exige una concentración extrema por parte del espectador.
Sin embargo, el esfuerzo se recompensa con creces. La puesta en escena es impecable y se convierte en un personaje más, reflejando y comunicando a la perfección el espíritu crudo de la pieza. Pero si algo sostiene este complejo rompecabezas es, sin duda, su reparto. El trabajo actoral merece una mención especial: la entrega del elenco ante un texto de semejante dificultad y extensión es soberbia. Su implicación se palpa en la atmósfera; viven y mueren en cada palabra con una intensidad desbordante que eriza la piel. Destaco el principio y final de la obra que son magistrales.
L’Albada es una sacudida emocional que no deja indiferente a nadie. Una propuesta valiente, magnética y altamente recomendable para recordar de dónde venimos y, quizás, reflexionar con un poco más de lucidez sobre hacia dónde vamos.