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La Cubana: Gente bien, el musical: Autohomenaje encubierto

La Cubana: Gente bien, el musical
14/10/2016

Se había hablado de que La Cubana volvía con un musical o de que por fin recurría a Rusiñol -un auténtico emblema en Sitges, la localidad originaria del grupo-, pero lo que nadie había dicho es que en el nuevo espectáculo también hay un homenaje encubierto a su trayectoria y al teatro en general. La Cubana ya había tratado en anteriores montajes la revista (Cómeme el coco, negro), el cine (Cegada de amor), la ópera (Una nit d’òpera) y la televisión (Mamá quiero ser famoso), y si ahora tocaba el teatro que mejor que diseccionarse a sí mismos y bucear en las propias miserias. Por lo tanto, si vais con los ojos muy abiertos disfrutaréis de muchas sorpresas que pasan en un segundo plano, a pesar de que también podréis asistir a una especie de conferencia o charla de veteranos en la que se habla sin rodeos y con buen humor del pasado y del presente de la compañía que dirige Jordi Milán.

Gente bien funciona desde el primer minuto. Funciona como comedia, como gran musical y como espectáculo cubanero al cien por cien. Se utilizan los recursos de siempre, pero con plena conciencia y con un motivo muy claro. El texto de Rusiñol es una excusa, pero sirve para sacar temas por los que siempre han tenido predilección: las apariencias, la doble moral y el teatro que todos hacemos en la vida cotidiana. Si a esto sumamos los equívocos lingüísticos, la trama vodevilesca, la acertada parodia de la burguesía catalana y las divertidas canciones de Joan Vives -a medio camino entre la revista y la zarzuela- estaremos ante un cóctel realmente alentador. Quizás he echado de menos alguna performance más en el patio de butacas y me he quedado con ganas de más… a pesar de ser un espectáculo largo.

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