Una ambición necesaria

Justícia

Justícia
18/02/2020

El debut en la Sala Gran del Teatre Nacional de un autor catalán contemporáneo siempre resulta una experiencia emocionante, no solo para el dramaturgo en cuestión, sino también para el público catalán en general. O así tendría que ser. Quizás muchos espectadores asocian todavía a Guillem Clua con la comedia, a causa del éxito de Smiley y que no ha estrenado en Barcelona ningún espectáculo en los últimos cuatro años, siendo el último 73 raons per deixar-te (una comedia musical). Pero, el caso es que Clua es un escritor esencialmente dramático y, puede que por eso, para su consagración, ha escogido serlo con toda la épica posible. En este sentido, Justícia consigue reunir muchas de sus obsesiones: el amor, la familia, el sexo y la religión, entre otras.

La propuesta resulta un ejercicio ambicioso que busca hacer un retrato de la identidad catalana a lo largo de los últimos 70 años y, en cuestiones temáticas, a esta fotografía no se le pueden hacer reproches. El problema, en todo caso, es que, a pesar de las tres horas de duración (entreacto incluido), la pieza no tiene tiempo de profundizar en algunos de los conflictos planteados que, potencialmente, tenían un recorrido mucho más largo. Con la influencia reconocida de Ángeles en América y Agosto, el montaje encuentra un equilibrio interesante entre el melodrama, el thriller y el drama romántico que dota de entidad un conjunto de recuerdos repletos de melancolía.

Josep Maria Pou capitanea con presencia y entrega este barco cuya ambición tendría que ser celebrada, más allá de la imperfección de su resultado. Sobre todo, porque nace de una valentía genuina que es un beneficio incuestionable para nuestro tejido cultural. ¿Cuántos autores se han atrevido a mencionar ni que sea de pasada el caso de Banca Catalana? ¿O a reivindicar la historia local de la lucha de los movimientos LGTBI? Podrá gustar más o menos a escala formal (probablemente, la resolución final es apresurada y la escenografía algo aparatosa), pero no se puede negar que estamos ante una obra tan necesaria como las que vemos a veces en las salas pequeñas más combativas o las que a menudo tanto aplaudimos cuando se trata de autores extranjeros.

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