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Homes foscos: Relación turbia, inquietante... y cantada

Homes foscos
1/04/2016

Cuando se estrenó Excítame ya dije que la temática criminal y perversa era un tipo de subgénero dentro del teatro musical, especialmente el de pequeño formato. Ahora llega Homes foscos, que comparte con el anterior el formato, el número de intérpretes, una trama truculenta y una relación homosexual. Pero si en aquella se pecaba de una dirección excesivamente conservadora y lineal, aquí se ha intentado hacer una obra más arriesgada formal y conceptualmente. De hecho, se esperaba mucho de la propuesta, dado que el dúo David Pintó y Clara Peya había demostrado su talento en Mares i filles y ahora venía dispuesto a darlo todo con la que será la segunda pieza de una trilogía con sólo dos intérpretes. Si en el espectáculo anterior la pareja estuvo formada por Nina y Mariona Castillo, ahora el turno era de dos actores jóvenes pero muy experimentados: Rubén Yuste y Marc Vilavella.

Partiendo del mundo literario de Patricia Highsmith, Pintó ha creado una obra donde dos personajes con secretos y pasiones inconfesables se relacionan ante nuestros ojos, jugando a un juego perverso y peligroso. A pesar de que reconocemos la turbia relación de los dos hombres, quizás se echa en falta más información de los personajes y, sobre todo, unas transiciones más claras en el cambio de roles. El final tampoco es lo que más convence, pero podríamos decir que todo ello queda supeditado a la magnífica música de Clara Peya y a un trabajo actoral y físico de primer nivel. En este sentido, hay que decir que los dos actores y cantantes se enfrentan a una partitura que llega muy bien al público pero que se adivina enrevesada para los intérpretes. En definitiva, un reto del que finalmente se han salido airosos.

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