Dos chicas, al más puro estilo Juan Palomo yo me lo guiso y yo me lo como, han escrito, dirigido e interpretado esta pieza de «teatro de creación» divertida, fresca y desenfadada metiéndose el público en el bolsillo y llevándoselo allá donde quieren. Sin casi escenografía, vestuario de calle y una iluminación sencilla, hacen que la hora y poco de duración de la obra te pase en segundos. Hoy era el último día, pero estoy seguro que la volverán a reponer. Vale la pena que alguien la repesque.
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