Lo imposible es como La Nada de La Historia interminable de Michael Ende, un sitio que podría ser cualquiera, un lugar sin fantasía y sin ilusión, de horror y destrucción. Unos pocos, los trabajadores de Organizaciones Internacionales intentan con pequeños gestos conservar lo poco que queda de humanidad.
Tiago Rodrigues ha escrito un texto actual y eterno, real o ficcionado da igual, cruel sin piedad, crítico sin concesiones, un texto que estremece por la tranquilidad con la que está descrito, por el contraste entre lo imposible y lo posible, la proximidad y la lejanía, la aceptación de la situación y el rechazo, un texto lleno de contrastes y matices. La Nada se nos acerca y buscamos desesperadamente un Fújur que se nos lleve lejos del horror.
Cristina Genebat ha tenido el gran acierto de tomar esta maravilla de texto, traducirlo y llevarlo a La Perla 29. Su dirección le ha dado un aire internacional sin ninguna localización concreta. Por eso ha elegido a dos actores y dos actrices que hablan catalán, francés, inglés o portugués indistintamente y con fluidez y eso les sitúa en cualquier lugar con destrucción provocada, con grandes sufrimientos y dolores insoportables maravillosamente bien expresado por Joan Amargós, Màrcia Cisteró, Andrew Tarbet y Elena Tarrats, de los que la dirección ha sabido sacar provecho de sus mejores cualidades interpretativas de modo que uno puede hacer una reflexión apasionada en inglés (Andrew Tarbet) para evitar la culpa de haber cometido un error cuando no se puede aspirar a la perfección, o bien cantar una canción infantil en portugués mientras acompaña a un grupo de mujeres bajo las bombas (Elena Tarrats), atravesar en medio de un silencio atronador dos partes en conflicto y desear que ese silencio dure para siempre (Joan Amargós) o intentar frenar un caos a golpe de palos en una recogida de material humanitario (Màrcia Cisteró).
Todas las historias que describen están en movimiento constante, no son lineales ni estancadas ni fijas sino que caen en forma de granizo golpeando conciencias. Y lo hacen de forma ágil utilizando vídeos en directo y la música adecuada a cada escena. Como sello de La Perla 29, Mar Orfila pone la música con guitarra y su voz conmovedora.
Texto, dirección, intérpretes y música han construido un conjunto absolutamente integrado en una obra impecable e imprescindible.
