El pont: Sonreír en el abismo

El pont
19/02/2022

Dos personas desconocidas se encuentran casualmente en un puente y lo que parecía un encuentro esporádico se convierte en una noche confesional de miedos, deseos, juegos, música i discusiones. No sería nada destacable sino fuera porqué se han encontrado en un puente justo cuando cada uno de ellos habían decidido ir allí a suicidarse.

Lo más insólito es que son dos personas, antagónicas a simple vista, que quieren matarse por razones que no serían las esperadas en historias ya explicadas. Uno de ellos es un experto en esto de intentar suicidarse, pero siempre acaba sobreviviendo… y cada año vuelve a intentarlo por la misma época, se ha convertido en un ritual, hasta que, está claro, consiga su objetivo. Rico, empresario y sobre el papel una persona afortunada, un anhelo profundo es lo que lo lleva a intentar matarse cada año. El otro es un hombre con un desengaño amoroso, trabajador y sindicalista que encuentra en el hecho de matarse un acto de amor hacia su pareja.

Envuelta de humor, a veces bastante negro, esta historia se nos narra como una amistad surgida de un momento de igualdad entre dos personas muy desiguales que se convierten en confidentes inesperados de verdades absolutas. Con momentos hilarantes, todo va evolucionando de manera muy natural y cercana.

Babou Cham i Llorenç González son estos dos desconocidos que comparten noche y amistad. Cham navega con su personaje por una línea que transcurre entre la alegría desbordante y el anhelo de la perfección y el amor. En cada paso que da, con cada consejo o palabra que dirige a su mejor amigo, hay esta dicotomía, a veces enmascarada con humor, a veces huyendo hacia un mundo deseado. González recorre con su personaje altos y bajos emocionales que lo llevan a reír, bailar, enfadarse, chillar a la luna o tocar el clarinete. Entre los dos intérpretes se crea una complicidad que se traslada al público con total sinceridad.

Un puente, una luna y un baile de sombras componen el resto de esta producción centrada en los dos personajes y su diálogo, un acierto absoluto.

Salir del teatro con una sonrisa en la cara –y cantando Nature boy– después de una obra que habla del deseo de matarse de sus protagonistas es toda una hazaña.

← Volver a El pont