Sí. El cáncer es una puta mierda, y prácticamente todo el mundo que lleve un poco de vida recorrida se lo habrá topado en algún punto del camino. Siempre llega por sorpresa y en el peor momento. Peor? En realidad nunca hay un buen momento para recibir un diagnóstico sobre el cual, la única certeza que puedes tener, es que te cambiará la vida de golpe. Las derivadas de los tumores se han abordado desde muchas perspectivas de la ficción, principalmente dramáticas. El tema acompaña. Pero el humor también es un vehículo ideal para quitar hierro y normalizar la realidad de aquellas personas quienes han transitado el temible «guisante, chichón o bulto» en su cuerpo.
El cáncer llega a los escenarios de la mano de Cristina Clemente, una de las autoras catalanas prolíficas y más en forma de la escena actual. Guionista de series televisivas diarias como El corazón de la ciudad, La Riera o lo Como si fuera ayer, tiene el ojo entrenado a entrar en las casas catalanas abordando grandes temas desde la cotidianidad y un sello personal de humor atrevido y perspicaz, sin grandilocuencias, que conecta con un gran público. De su ingenio han salido dos de las piezas teatrales más taquilleras de las últimas temporadas en el estado español: Laponia y Una terapia integral. El abrumador aplauso del público a las primeras funciones de Mujeres de radio augura el mismo camino en un texto que consigue un hito nada fácil: dar risa con un tema tan delicado como el cáncer de mama. Clemente, quien en el proceso de creación ha conversado con decenas de mujeres que lo han sufrido, ofrece una mirada luminosa y sensible a los claroscuros de esta enfermedad y sobresale con un texto que emociona, divierte, y dignifica a las personas que, por desgracia, lo han tenido que transitar.
La historia aborda la relación de la Rosa, el Ágata y la Carol, tres mujeres de edades y realidades muy diferentes que se enfrentan al mismo diagnóstico: una «taqueta» en el pecho. La vida las obligará a encontrarse en la peor de las circunstancias, y luchar contra los miedos y los clichés asociados al diagnóstico. El reparto está simplemente perfecto bajo la batuta de Sergi Belbel. Àngels Gonyalons, que comparte con el personaje la voz, presencia y magnetismo de diva, nos adentra a las grietas en la seguridad y la fortaleza de una mujer hecha a sí misma; Sara Espígul cautiva interpretando a la mujer cuidadora, entregada a su familia y a sus pacientes, que antepone el bienestar de los otros a su propio; y una torrencial Sara Diego brilla con la xoni joven que no pierde la actitud a las constantes y devastadoras clatellades de la vida. Hay juego por las tres en una puesta en escena dinámica, alrededor de una masa negra tan grande como un meteorito caído sobre un suelo impoluto –elegante y metafórica escenografía de Max Glaenzel–, donde se desplegará un brillante juego interpretativo que nos permitirá adentrarnos en la vida de las tres pacientes.
Imprescindible!