Henrik Ibsen escribió Casa de Muñecas a finales del siglo XIX, momento en el que dejar a un marido e hijos porque se sentía encorsetada en una casa donde no le faltaba de nada, era por lo menos sorprendente. Se ha interpretado como una revolución feminista, pero Ibsen quiso escribir sobre la libertad individual y la necesidad de ser ella misma. Una metáfora de cualquier vida construida sobre apariencias y convenciones sociales. Nora se marchó desengañada, después de que Torvald la tratara de impostora, hipócrita, criminal, indigna, carente de moral y del sentido del deber.
Es una de las obras más traducidas del mundo y ha tenido una gran difusión y se han hecho muchas versiones y revisiones como la obra de Lucas Hnath: Casa de Muñecas, veinte años después con los magníficos diálogos entre Nora y Torvald cuando ella vuelve a casa al cabo de 20 años. En ese caso, Emma Vilarasau y Ramon Madaula quieren saber la verdad, sin reproches, sin vencedores, ni perdedores, no hay drama ni final trágico. Fue un descubrimiento muy interesante.
Siempre es un reto llevar a escena una obra tan conocida. Es necesario peinar un texto que dura tres horas en la obra original y por economía dramática ha desaparecido el doctor Rank que aparte de la buena relación y la seguridad que da a Nora, no es imprescindible para el desarrollo de la trama.
Raimon Molins, el director ha modelado al personaje de Nora y lo ha infantilizado aún más con lo que se desfigura a la mujer fuerte que tiene dentro que es capaz de falsificar una firma por amor. Claudia Manini, salta y corre por el escenario como una niña pequeña de forma exagerada pero resulta muy convincente en el diálogo final con Torvald en el que demuestra su firmeza. Jordi Llordella está espléndido en su papel de marido austero, con una integridad moral luterana, cumplidor de la ley y de los principios, que odia las deudas, que es ahorrador, duro y paternal con la mujer. Él, como el padre de Nora, la convierte en una muñeca: “mi pequeña cabezota” y pierde los papeles (impensable también en un ambiente nórdico luterano) cuando Nora toma la decisión de su vida.
Ya habíamos visto esta traducción de Feliu Formosa en el TNC con Laura Conejero haciendo de Nora. No recuerdo el año pero seguro que era un momento en el que era impensable que Krogstad fuera una mujer y mantuviera una relación con la señora Linde, la amiga de Nora. Otra sorpresa de esta versión es que Nora canta una canción en noruego. No hemos entendido la letra, pero el tono es infantil y triste. Kike Blanco nos ha maravillado con una estructura de madera como una casa de muñecas desde donde los personajes continúan su actuación.
Las versiones de obras tan conocidas tienen inconvenientes porque no se puede evitar la comparación pero aportan novedades y sorpresas.
