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Caïm i Abel: Excesiva y forzada

Caïm i Abel
28/06/2016

Cada vez más vemos como nuestros autores se atreven con obras de planteamiento ambicioso, con grandes temas y con resoluciones escénicas complejas. Hace años que nos llegan de fuera textos de autores jóvenes (Wajdi Mouawad, Sofi Oksannen, Stefano Massini, etc.) que no tienen ningún miedo al riesgo ni a la ambición, y es por eso que encontramos lógica la aparición entre nosotros de obras como Marburg, El profeta o Caïm i Abel, entre otras. El problema es que en el caso de Marc Artigau la pieza ha pecado por exceso más que por defecto. También creo que la historia resulta poco creíble, que hay situaciones demasiado forzadas y que se persigue una trascendencia que no convence. Aún así, el cambio de punto de vista en el segundo acto o la idea de reunir a los dos protagonistas al final (Caïm y Abel actúan como metáfora de un mundo que nos acaba uniendo, aunque sea en la miseria) resultan bastante interesantes.

Uno de los grandes aciertos del espectáculo es el padre que interpreta Lluís Villanueva en la primera parte. Su actuación es de aquellas que dejan huella, tanto por el personaje en si cómo por la habilidad que tiene el actor al componerlo. El resto del reparto cumple con corrección, y quizás hay que mencionar la parte artística, que una vez más convierte el espacio de la Biblioteca de Cataluña en un escenario casi mágico. En este sentido, la escenografía de Sebastià Brosa y Josep Iglesias, y sobre todo, la iluminación de David Bofarull sacan un partido más que notable al limitado espacio. En definitiva, un proyecto muy cuidado, a pesar de tener una base demasiado frágil para tanta complejidad…

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