Up all night

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¿Qué es el amor? ¿Qué hace que nos enamoremos? ¿Por qué el amor es tan variable, arbitrario e irracional? ¿Cómo podemos explicarnos este sentimiento tan poderoso y a la vez tan mágico en un mundo dominado por la razón? Estas son algunas de las preguntas que se manifiestan a lo largo de toda la complejidad que rodea la obra de El Sueño de una noche de verano de William Shakespeare.

Una obra que, si la focalizamos en los cuatro enamorados, nos hace ver que todos ellos desean conseguir el amor verdadero, aquel amor ideal que sea profundamente intenso y dure para siempre, pero Shakespeare se lo pone difícil. Una vez están fuera de la ciudad, de la opresión, de la ley, de la razón, los cuatro enamorados adentran un bosque salvaje, desconocido y sin normas donde todo es posible y la libertad es la principal protagonista en todos y cada uno de sus actos. Estos personajes, engañados en el artificio del amor, se descubren a sí mismos, con la excusa de una flor mágica, enamorados de quien no toca o correspondidos por quien nunca lo ha hecho. Los cuatro protagonistas luchan encarnizadamente para conseguir lo que puede que ni siquiera exista, una ilusión llamada amor, pero que, en la práctica, tan sólo genera enemistades, odios, malentendidos y, por encima de todo, revela un ser humano un poco loco, incoherente y vulnerable.

Confusos y disgustados, pero a la vez ardientes de deseo, se encuentran en situaciones cómicas, pero también desesperantes, que sólo se pueden explicar, finalmente, como un sueño: como algo que ha sucedido, pero que no es real. Porque pensar que el amor es libre, que no lo dominamos sino que es él quien nos domina a nosotros, y descubrir que a veces se esconde bajo el disfraz de la falsedad, el egoísmo y la obsesión es, quizás, demasiado cruel.

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