“La música, este lenguaje universal, es la voz de la paz.” Con estas palabras, Pau Casals definió una convicción que atravesó toda su vida artística y humana. El Gran Teatre del Liceu le dedica este concierto memorial, con la dirección de Jonathan Nott, como homenaje a una figura que elevó la música a conciencia moral y el gesto artístico a compromiso con el mundo.
Casals no fue solo uno de los grandes violonchelistas del siglo XX, sino también una voz ética de alcance universal. Exiliado por fidelidad a sus principios, entendió la música como un acto de responsabilidad, capaz de preservar la dignidad humana incluso en los tiempos más oscuros. Su legado trasciende la interpretación: es una manera de escuchar, de resistir y de esperar.
“La música, este lenguaje universal, es la voz de la paz.” Con estas palabras, Pau Casals definió una convicción que atravesó toda su vida artística y humana. El Gran Teatre del Liceu le dedica este concierto memorial, con la dirección de Jonathan Nott, como homenaje a una figura que elevó la música a conciencia moral y el gesto artístico a compromiso con el mundo.
Casals no fue solo uno de los grandes violonchelistas del siglo XX, sino también una voz ética de alcance universal. Exiliado por fidelidad a sus principios, entendió la música como un acto de responsabilidad, capaz de preservar la dignidad humana incluso en los tiempos más oscuros. Su legado trasciende la interpretación: es una manera de escuchar, de resistir y de esperar.
Sinopsis
La dirección de Jonathan Nott, reconocida por su claridad intelectual y su intensidad expresiva, aporta a este concierto una mirada que dialoga con el espíritu de Casals: rigor, profundidad y una atención extrema al sentido de cada obra. La música se ofrece aquí no como monumento, sino como experiencia viva, cargada de memoria e interpelación contemporánea.
En el marco de una temporada articulada en torno a la tensión entre lo sagrado y lo sacrílego, este concierto memorial adquiere una resonancia especialmente elocuente. Pau Casals concibió la música como un acto casi sagrado, pero nunca desvinculado de la realidad, capaz de enfrentarse a la violencia, a la injusticia y al silencio impuesto. Entre la reverencia y la desobediencia moral, su legado nos recuerda que lo verdaderamente sagrado no es lo intocable, sino aquello que exige responsabilidad. En esta fricción fecunda —entre fe y disidencia, entre ritual y compromiso—, la música se convierte en un espacio de verdad, donde el arte honra la memoria e interroga el presente.
Programa
Claude Debussy
Prélude à l’après-midi d’un faune
Robert Schumann
Concert per a violoncel i orquestra en La menor, op. 129
Ígor Stravinski
La consagració de la primavera

