ARNAU es la primera creación de la compañía emergente Somrics Gael, una pieza escénica híbrida que se mueve entre el teatro físico, la poesía visual y el juego con objetos para explorar los límites de la identidad humana en el contexto urbano contemporáneo. El espectáculo propone un viaje liminal que oscila entre lo absurdo y la revelación, entre aquello tangible y aquello invisible, para adentrarse en la fractura íntima entre cuerpo y mente que atraviesa el individuo actual.
Sinopsis
Todo empieza entre residuos cotidianos —unas llaves de casa, un bolsillo lleno de tickets de la compra, fragmentos de vida descartada y una polilla— aparece un personaje sin ganas de vivir, atrapado en una existencia mecánica y desencantada. Una misteriosa organización secreta decide convertirlo en objeto de un experimento. Lo que parece una intervención absurda se transforma progresivamente en un ritual ambiguo: ¿es un proceso de sanación, una manipulación o un dispositivo para reconfigurar la percepción de la realidad?
Sobre el espectáculo
A través de un artefacto teatral que pone en el centro la poética de los materiales y la capacidad creativa que surge del aburrimiento, ARNAU construye un universo escénico donde los objetos cotidianos acontecen portales simbólicos. El espacio se transforma, los límites se desdibujan y el protagonista cruza el umbral de su propia identidad. El trayecto no es lineal ni racional: es un descenso hacia zonas ocultas de la conciencia, donde el sentido se construye y se deshace constantemente.
El espectáculo plantea una pregunta central: ¿hasta qué punto podemos ir más allá de lo que es real cuando todo lo que tenemos son restos, recuerdos y fragmentos? En un mundo sobre estimulado, acelerado y superficial, ARNAU reivindica el poder transformador de la mirada y la posibilidad de reconectar con aquello esencial que todavía persiste dentro nuestro, aunque parezca perdido.
Más que una historia, ARNAU es una experiencia sensorial y simbólica que invita al espectador a atravesar los rincones más insospechados de la cotidianidad y a cuestionar la manera como construimos nuestro propio relato vital. Un viaje escénico extrañamente familiar, inquietantemente próximo, que recuerda que, incluso en medio del residuo, puede aparecer una grieta por donde filtrarse la transformación.


