Una boda, un alcalde corrupto y la momia de Lenin en una noche de Eclipse

Hacía dos años que el TNC no coproducía ninguna obra con el Festival Grec, pero este año ha vuelto nada menos que con una ópera alocada y apocalíptica de Alberto García Demestres, con libreto de Paco Zarzoso y dirigida por Xavier Albertí.

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La Sala Pequeña acogerá «un espectáculo divertidísimo y una experiencia vocal espasmódica» con un lenguaje «de una modernidad absoluta», asegura Albertí, que se muestra muy satisfecho de poder estrenar una ópera, «un privilegio que pocos festivales tienen».

En la obra tenemos la Leonor y Carla, dos jóvenes enamoradas que se ven presionadas a casarse por el padre de Leonor. Y es que Ramón tiene una gran capacidad manipuladora y no para hasta conseguir lo que quiere: una boda en su casa en una noche de eclipse, tal como le manda su carta astral. Pero no saldrá todo como estaba previsto porque el alcalde que debía oficiar la boda es detenido ese mismo día por corrupción. Con las prisas, la única persona que tienen cerca con «facultad de casar» es un amigo del hermano de Carla, trabajador del cementerio municipal. La única fijación de este amigo, pero, es ir a Moscú a comprar la momia de Lenin en una subasta, colocarla en su cementerio e iniciar una revolución.

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«Un proyecto precioso, un viaje vital que conecta muy bien con la incertidumbre apocalíptica actual», dice Mercedes Sampietro, que asegura que este espectáculo es una de las cosas que más feliz le han hecho hasta ahora. La acompañan un tenor, tres sopranos, dos mezzosopranos, un barítono y siete músicos, además del actor Pere Ponce. «Ha sido un camino fascinante y emotivo. Deberían haber vendido entradas para los ensayos», dice Ponce, que explica que pocas veces veces ha disfrutado tanto del proceso de creación, y que ha aprendido mucho «de la disciplina de músicos y cantantes».

La mezzosoprano Anna Alàs, agradeció el empuje de Albertí y el Grec para producir una ópera y «apostar por el talento de aquí», que desgraciadamente «está desperdigado por el mundo y pocas veces nos encontramos». Para estos jóvenes cantantes, el director del TNC ha hecho una apuesta que deberían hacer los teatros de ópera, y no hacen.

Normalizar, más que reivindicar

Xavier Albertí quería que Demestres hiciera la primera marcha nupcial para matrimonios homosexuales y que a partir de la obra sonara a todas las bodas, pero finalmente no aparece, bromea. El compositor, sin embargo, asegura que «no queríamos reivindicar, sino normalizar el amor». Sin embargo, fue muy consciente de que la historia habla de dos chicas, porque quería que quedara claro que se quieren y que «el amor es fantástico».

(Texto: Mercè Rubià)

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