MONÓLOGO SOBRE LA MATERNIDAD

Reinventarse después de los hijos

'Una madre de película' es un monólogo cómico y cinematográfico, protagonizado por Toni Acosta, sobre la aventura de ser madre

Hay un momento crucial en la vida de cualquier padre o madre: cuando los hijos se van de casa y, tras años de dedicación casi absoluta, la rutina cambia de golpe. De este punto de partida nace Una madre de película, que, tras su estreno en Madrid, llega al Teatre Romea del 27 de mayo al 14 de junio. El monólogo está protagonizado por Toni Acosta y escrito y dirigido por Juan Carlos Rubio.

La historia arranca con una situación doméstica muy concreta: Eva María recibe de madrugada un mensaje urgente de su hijo, que estudia en Estados Unidos, y le pide que entre en su habitación para buscar un documento en un cajón cerrado con candado. El encargo es claro y sencillo, pero este gesto desencadena en ella algo que no estaba previsto: recuerdos, sospechas y la constatación de que esa habitación ya no forma parte del día a día.

“La madre que vemos en Una madre de película es muy posesiva, muy controladora”, explica Toni Acosta, que admite que esta dedicación absoluta hace que la marcha del joven la pille “totalmente desprevenida”. El texto pone el foco en el llamado “síndrome del nido vacío” o ese momento “irremediable y temido en el que los hijos levantan el vuelo”, en palabras de Juan Carlos Rubio, que sitúa aquí el núcleo del conflicto.

“Me gusta reírme del ideal de la madre perfecta. Deberíamos perdonarnos más el hecho de no llegar a todo”.

La propuesta aborda las diferentes etapas de la maternidad desde la comedia. “Me parece sanísimo reírse de uno mismo y, en concreto, la maternidad en la vida moderna da para mucho”, defiende la actriz. También cuestiona el modelo idealizado: “Me gusta mucho reírme del ideal de la madre perfecta. Creo que deberíamos perdonarnos más el hecho de no llegar a todo”. Una madre de película, que bebe también de las experiencias del autor y la actriz, evita el tono aleccionador y opta por una mirada irónica pero emotiva, sin olvidar la vulnerabilidad.

Durante cerca de ochenta minutos, la actriz da vida a varios personajes en un relato lleno de referencias al mundo del cine y encadena situaciones y recuerdos para dibujar el retrato de una mujer que descubre que, cuando el hijo se va, no solo queda una habitación vacía: también queda la necesidad de redefinirse. Y es aquí donde la comedia deja de ser un simple recurso para convertirse en una forma de afrontar el cambio.

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