La Cubana: dos horas y media de diversión asegurada

La Cubana vuelve a Barcelona con las pilas bien cargadas y garantizando dos horas y media de diversión a todo aquel que se acerque al Tívoli hasta el 3 de agosto para despedir Campanades de boda.Así lo han dejado bien claro esta mañana a las fuentes de Montjuïc, Jordi Milán (autor y director) y el equipo de actores, donde para presentar las funciones de despedida han emulado la gran boda hindú celebrada ahí mismo hace un año.

Están convencidos que el espectáculo ha mejorado durante esta larga gira, y animan al público barcelonés afirmando que es uno de esos espectáculos que “cuando se estrenan están bien, pero las últimas funciones están mejor”.

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Éxito rotundo de público

Los avalan los impresionantes números que acumula el espectáculo después de más de dos años de representaciones: 15 ciudades en las que se han realizado casi 800 funciones para un total de 500.000 espectadores.

Este éxit comporta que muchas otras cifras del montaje suenen a película de Hollywood, per ejemplo se han gastado casi 55.000 ramos de flores, se han confeccionado 12.500 pamelas y 2.000 tocados, se han lanzado 500 quilos de papel de seda y se han hecho unas 140.000 fotografías a espectadores, en una divertida iniciativa que ha contado siempre con la complicidad de la prensa local.

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La complicidad con el público, como la lograda a través de las fotografías, es una de les claves de este éxito. Una complicidad que empieza por adaptar el guión a la ciudad donde se representa (nombres, expresiones, chistes…), hasta hacer hablar los actores en el idioma o con el acento de cada comunidad. Sin olvidarnos de la participación del público durante las funciones o las colaboraciones de actores de cada ciutat.

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El espectáculo

Asistimos a los preparativos y a la boda de Violeta y Vickram. Ella es la tercera generación de un próspero negocio familiar dedicado a la venta de flores, él un actor indio, los dos se conocieron cuando él actuaba en el Tívoli en un espectáculo de Bollywood.

Este argumento es el punto de partida de esta parodia de las bodas, una “comedia-vodevil-costumista” sobre un de esos momentos en qué todo el mundo juega su papel y quién más quién menos hace poco o mucho teatro. Y todo esto con el inconfundible sello de La Cubana.

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