La Calòrica revienta la burbuja de la empreneduría

Mercè Rubià

Después de los últimos éxitos que han obtenido con Els ocellsDe què parlem mentre no parlem de tota aquesta merdaLe congrés ne marche pasLa Calòrica, una de las compañías más reconocidas de la escena actual, recupera a partir del 8 de febrero en el teatro del Espai Texas uno de sus primeros grandes éxitos: Fairfly, una comedia que ataca desde la comedia la cultura del emprendimiento a través de la historia de cuatro amigos que, después de un ERE, deciden crear la suya propia empresa.

«Desde el Gobierno, el Mercado y la Banca se nos dice que la crisis en el Estado Español es una cuestión de falta de ‘cultura emprendedora’; que si somos infelices, no tenemos trabajo o estamos mal pagados es porque no hemos tenido una idea suficientemente buena ni hemos luchado hasta el final para llevarla a cabo», dice Joan Yago, autor de la obra, y añade: «Una vez más, pues, la culpa acaba siendo del trabajador, del ciudadano». El dramaturgo explica que, antes de escribir una obra, se plantean con la compañía contra lo que quieren hablar. Y aquí, lo tenían claro: contra la burbuja del emprendimiento, «el remedio de nuestros tiempos».

«Todo el mundo te dice que tienes que ser emprendedor y explica lo bueno, pero nadie te dice lo malo», explica el director del espectáculo, Israel Solà: «Para empezar, que hay muchas campañas de ayuda para en las start-ups, pero que después nadie te ayuda a subsistir o que, en la mayoría de casos, acabarás trabajando muchas más horas por el mismo sueldo o que seguramente tendrás que utilizar el dinero de familia o amigos para poner en marcha el negocio» . «Personajes como Donald Trump se enorgullecen de haber fracasado numerosas veces antes de conseguir el éxito y nos vienen que el resto debemos hacer lo mismo, fracasar y volver a probarlo», apunta Solà: «La diferencia es que él contaba con un padre con una fortuna casi ilimitada y la mayoría de gente no sólo se arruinan a sí mismos, sino también a la familia».

La historia se articula en torno a cuatro amigos que, después de que la empresa donde trabajan les comunique la apertura de un ERE, deciden crear su propia empresa: Fairfly. Lo que empezará como la típica conversación de «y si…» con algunas cervezas sobre la mesa, se acabará convirtiendo en una empresa de papillas para bebés que pretende cambiar el mundo. Y es que estos cuatro amigos quieren crear una empresa completamente distinta a la que trabajaban hasta ahora, empezando por el uso de productos ecológicos.

«Todo el mundo se sentirá identificado, sobre todo los autónomos, o aquellos que alguna vez se hayan planteado sacar adelante su propio proyecto»

Sin cortes ni cambios de convención, los espectadores verán pasar cinco años en torno a una misma mesa. Así, lo que comienza como una conversación entre amigos, derivará en junta de accionistas. «Hemos vaciado la escenificación al máximo de movimientos y acciones innecesarias, pero al mismo tiempo hemos construido una cotidianidad que pueda dotar a la interpretación de la fuerza y la vida que hay en cada debate. Es un lenguaje casi televisivo», explica Solà. Para Vanessa Segura «es interesante ver la evolución de los personajes durante los cinco años» y un reto como actriz porque «prácticamente de una réplica a otra, puede que estés defendiendo un argumento completamente contrapuesto».

Unas interpretaciones y dirección encaminadas a apoyar una dramaturgia de Joan Yago que ha querido centrarse al máximo en la cuestión de debate sobre el emprendimiento, abandonando todo conflicto de los personajes que no estuviera relacionado. «Todo el mundo se sentirá identificado, sobre todo los autónomos, o aquellos que alguna vez se hayan planteado sacar adelante su propio proyecto, pero no sólo laboral, sino también artístico o asociativo. Se acaban dando situaciones muy humanas con crisis de confianza y amistad, porque no es fácil pasar de amigos a compañeros de trabajo”.

Lucha individual o colectiva

La prenda va más allá de la burbuja del emprendimiento. «Defender tu puesto de trabajo en la empresa ante un ERE no sólo te beneficia a ti, sino a todo un colectivo; abandonar y montar una empresa soluciona sólo tu situación», comenta Solà: «No es el mismo cambiar el mundo que cambiar nuestra situación en el mundo. En la obra hay algunos personajes que no quieren cambiar el mundo, sino cambiar su orden social, convertirse ellos en los empresarios».

Yago, que asegura que «hay un gran interés en hacernos creer que la clase obrera ya no existe», está convencido de que tras las supuestas virtudes del emprendimiento también hay un mensaje individualista destinado a acabar con la conciencia de clase : «deja de preocuparte por la sociedad y preocupate por ti mismo».

Un éxito que vuelve a la cartelera

«Fairfly ha representado muchas cosas por nosotros», explica Joan Yago: «Nació en el Tantarantana y de allí dimos el salto a gran público, en La Villarroel, a partir de ahí llegó los premios como los dos Max y las primeras actuaciones fuera del territorio catalán». Se trata pues de una oportunidad única para que el público más reciente de la compañía pueda disfrutar de uno de sus espectáculos más representativos: «Hay mucho público que nos empezó a conocer a partir de Els Ocells, otro gran punto de inflexión en nuestra carrera, y ahora tienen una nueva oportunidad de ver esta obra tan importante por nosotros. De ahí nace la idea de recuperarlo».

El premiado montaje cuenta con un reparto formado por Aitor Galisteo-Rocher, Vanessa Segura, Xavi Francés e incorpora como novedad a Esther López. La compañía hará temporada en el Espai Texas hasta el 28 de abril y ya ha vendido cerca de 7.000 entradas llegando al 50% del aforo total de la temporada de Fairfly.

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Mercè Rubià
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