Aitana y Antonio Díaz, El Mago Pop, se han asociado para adquirir en propiedad el Teatro Aquitània de Barcelona, así lo han anunciado en un comunicado a los medios de comunicación. Los dos artistas inician un proyecto conjunto con la voluntad de abrir una nueva etapa en la trayectoria de la sala y reforzar su actividad como espacio de producción y exhibición de artes escénicas.

La iniciativa se plantea como un proyecto cultural a largo plazo que quiere generar nuevas oportunidades para creadores y profesionales, favorecer la producción de nuevos espectáculos y contribuir al crecimiento del sector escénico barcelonés. Los nuevos propietarios también señalan entre sus objetivos el fomento de la profesionalización, la creación de empleo y la atracción de nuevos públicos.
«Antonio y yo llevábamos mucho tiempo soñando con hacer un proyecto juntos y no se nos ocurre una forma más bonita de empezar que apostando por la cultura y por el futuro de las artes escénicas», explica Aitana. La cantante considera «un privilegio» poder contribuir a preservar y hacer crecer un espacio como el Aquitània: «Estamos muy ilusionados por darle una nueva vida y trabajaremos para que Barcelona se sienta orgullosa de este proyecto».
Por su parte, Antonio Díaz destaca la posibilidad de invertir en cultura en la ciudad donde inició su trayectoria. «Esperamos aportar nuestro granito de arena para que Barcelona continúe siendo un referente internacional de las artes escénicas y para que cada vez más artistas y profesionales encuentren aquí un lugar donde desarrollar su talento», afirma.
El ilusionista, propietario también del Teatre Victòria, subraya el carácter especial de la alianza: «Nunca había tenido un socio en ninguno de mis proyectos y, por eso, me hace una ilusión muy especial que mi primera socia sea Aitana, una artista a la que admiro profundamente».
Un espacio con más de ochenta años de historia
Situado en el número 33 de la avenida de Sarrià, el Aquitània abrió sus puertas en 1945 con el nombre de Cine Infanta. Posteriormente, se convirtió en el Cine Aquitània y albergó durante años las proyecciones de la Filmoteca de Catalunya, antes del traslado de la institución a su actual sede del Raval.
Después de una reforma integral, el espacio reabrió como teatro y se consolidó como una sala de formato medio, con una programación especialmente vinculada a la comedia y al humor.
