Inspirada en el ensayo A brilliant imperfección, de la activista discapacitado y queer Eli Clare, Una brillant imperfecció (o mort d’un pianista) es la última pieza de la coreógrafa Vero Cendoya. Acompañada a la dramaturgia por Israel Solà, Cendoya explora el tema de la mirada que ejerce la sociedad (neuronormativa) hacia las personas con discapacidad, desde el paternalismo autocomplaciente hasta el bullying más exacerbado.
La obra comienza retratando el infantilismo al que a menudo se somete a las personas con discapacidad, a través de un vestuario de color rosa pastel y una música de piano que interpreta a modo de playback Oriol Prats (actor con síndrome de Down). Poco a poco se van introduciendo elementos disruptivos y humorísticos que van agrietando la imagen aparentemente mansa y bucólica, y en el fondo grotesca, de una sociedad que se siente abierta, tolerante y compasiva, y emerge de repente, como un puñetazo, la realidad cruda y dura: un monólogo de Sonia Molins (actriz con parálisis cerebral) que escupe dardos como piedras en el ojo del público.
A partir de aquí se suceden diferentes escenas, independientes una de otra, pero que redundan en la idea principal de la discapacidad no como algo a superar sino como una diferente manera de estar en el mundo y de expresarse, que siempre enriquece al grupo y anula la competencia. Los momentos más potentes y significativos de la obra son los que logran expresar toda esta complejidad mediante el cuerpo y el movimiento, más allá de la palabra.
Obras como ésta, que meten el dedo en la llaga sin olvidar en ningún momento el humor y la parodia, son indispensables porque empezamos a deshacer prejuicios y creencias tan interiorizadas que pasan desapercibidas.
