Más que interesante reflexión sobre la violència

Només una vegada

Només una vegada
04/11/2018

Marta Buchaca se acerca a la violencia doméstica / conyugal de una manera intelectualmente estimulante y, huyendo de los tópicos, no se limita a denunciar lo que por desgracia hay que seguir denunciando sino que busca matices escondidos sobre la violencia, su uso y consecuencias y nos obliga a reflexionar. Lógicamente, la violencia nunca tiene excusa. ¿Seguro, nunca? ¿Y si al agresor lo han humillado y traicionado? Si nos amenazan y nadie nos protege, ¿mantenemos la firmeza de «la violencia no es nunca la respuesta»? ¿Se puede ser maltratador «sólo una vez»? ¿Se puede seguir conviviendo sin miedo tras un episodio de violencia y los pertinentes «lo siento»? ¿No es eso hacer crónica la condición de víctima?

Vemos un hombre de éxito, intelectual además -o escritor, en todo caso- que debe acudir a sesiones de terapia. «Sólo una vez», dice y repite, levantó la mano a su mujer. Fue algo excepcional, está arrepentido, claro, él no es así y no sabe qué le pasó. Ella (alejada de las víctimas que ve en la tele, mujeres pobres) ¿decide? ir también a defenderlo. Él la quiere, no fue para tanto, casi un accidente que provocó ella misma. La terapeuta, a su vez, tiene problemas con un acosador, en una historia paralela poco interesante más allá de preparar el previsible pero estimulante final.

La terapia evoluciona y van aflorando las capas de justificación y excusas. Todos enseñan más de lo que querrían: la víctima que se siente culpable, el agresor que no quiere ver la realidad y la terapeuta a quien se le tambalean los principios.

La estupenda Anna Alarcón (Psicosi de les 04:40) me descolocó los primeros cinco minutos pero enseguida crece al tiempo que se va desnudando y enseñando su vulnerabilidad, perfecta en transmitir cómo ser víctima te aniquila también por dentro, el marido (Bernat Quintana) es alguien por desgracia más normal de lo que nos gustaría y Maria Pau Pigem es la terapeuta, demasiado envarada, más interesada en atacar al agresor que en la terapia (seguramente, de vuelta de creer que los agresores pueden cambiar).

La duda: Como espectador, siempre me pregunto si es la mejor opción que dramaturgo y director sean la misma persona; creo que los textos crecen en su traslación al escenario con la vista de un tercero, por ilógico que parezca.

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