Jambo significa “hola” en suajili y Bwana “señor”. «Sí bwana» lo hemos utilizado irónicamente cuando nos referimos a un gesto de obediencia y sumisión. Pero el título hace referencia a un respeto por el otro y una relación del autor y director Manel Dueso con el África negra.
Montse Germán, Àurea Márquez y Antònia Jaume son tres amigas que se encuentran unos días antes de Navidad para estar juntas. Las une la soledad y el sufrimiento, cada una de diferente manera aunque también las distingue por la forma de tratarlo. Una de ellas ha sufrido una agresión sexual brutal y las otras dos se esfuerzan por ayudarla y lo hacen sin demasiados recursos con noches de locura y excesos etílicos.
En esta obra encontramos varias capas de lectura. La primera es la sororidad. La segunda capa nos muestra la memoria y la pérdida, el cuidado y la supervivencia en un mundo duro en el que aparece Samba, un alegre y bailarín Usu Tambadou que venido desde Senegal en patera, les demuestra, con una corta y discreta aparición en escena, que todo puede superarse con una actitud positiva mirando hacia delante.
En un escenario que rompe la cuarta pared, las escenas se suceden utilizando un oscuro y una voz de narrador en off (Xot Craus) con mucha agilidad y sin romper el hilo narrativo. Las tres actrices despliegan toda su fuerza inferpretativa y profesionalidad. Quiero destacar sin embargo, una espléndida Àurea Marquez que defiende su papel de víctima con una rabia contenida. Sus papeles son siempre un reto que interpreta con seguridad sin quitar sacar ni un ápice la emocionalidad del momento como “La dona del tercer segona” o hace ya varios años, en Pedra de Tartera.
Lo interesante de la obra es la relación entre las tres amigas y su interpretación. Yo me habría quedado con esta capa de lectura en la que Dueso ya nos da tema para reflexionar. Habría dejado el tema de la inmigración, la diferencia, la adaptación y la tolerancia para otra ocasión.
