Dulce y feroz

El lento naufragio de la estética

El lento naufragio de la estética
09/11/2018

En la soledad de un teatro, después de la función, es cuando surgen las sombras, los claroscuros. Un actor frustrado, convertido en técnico, utillero, hombre-para-todo, aquel que no recibe los elogios del público pero que es indispensable para la función, habla medio dormido, medio despierto, sobre sus dudas y anhelos, sobre el oficio de actor, sobre la esencia misma del teatro. Gonzalo Funes, autor y actor de la obra, nos muestra la cara más real y humana del actor fuera de los focos, como el Chaplin de «Candilejas» que se mira en el espejo, después de la función, con ojos tristes, entrañable en su patetismo. Funes es un actor que, como los mejores clowns, te atrapa con la potencia de su cuerpo entero, con la intensidad de su mirada y su sonrisa. Capaz de enternecerte y de despeinarte a la vez, Funes puede ser dulce y feroz, puede bailar el tango más tierno que hayas visto nunca y después clavarte la mirada más incisiva, de la cual, no obstante, no puedes, ni quieres, desprenderte.

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