Rehuyendo de la soledad

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19/09/2021

Se cruza una mirada de una punta a la otra de un comedor lleno de gente en medio de una fiesta. Quizás no ha sido verdad. Pero sí, lo es. Vuelve a cruzarse. Y esos ojos se van siguiendo durante toda la noche. En el momento de replegar velas, la Laura se queda sola en su piso, pero Dani no se ha ido. Ha estado a punto de coger el taxi, pero se lo ha pensado dos veces y vuelve para verla una vez más. Se nota que han conectad de alguna manera, pero donde ella pone decisión y valentía, él marca límites dibujados por un pasado emocional no muy agradable.

Y así empieza esta noche que vemos encima del escenario. Dos personas que intentan comunicarse, con suerte algunas veces y sin sentido otras, pero que lo intentan. Poco a poco se van deshaciendo de sus defensas y dejan ver sus anhelos e ilusiones, pero sobre todo sus miedos y debilidades. Porque de eso va esta obra de David Eldridge, sobre cómo conseguir volver a empezar (o al menos intentarlo). Y sobre el argumento es mejor no desvelar nada más.

Un texto cercano y genuino que navega a través de las interpretaciones de Mar Ulldemolins y David Verdaguer, que se transforman de pies a cabeza en Laura y Dani. Es increíble como Verdaguer consigue desaparecer detrás de su personaje siempre, desde el primer minuto estamos viendo y escuchando a Dani, a su soledad y el dolor que le invade. Incluso derramar una cerveza por el suelo se convierte en lo más real que puedes ver en el escenario. Ulldemolins nos da una Laura real, divertida, inteligente, pero que esconde sus emociones reales, hasta que se va desnudando para mostrarse tal y como es.

El escenario es un piso -que más de una querríamos tener en Barcelona- con todos los detalles adecuados, haciéndolos necesarios en más de una ocasión, dando más verosimilitud a la narración. Y la música… es una maravilla. No puedo negar que yo, como uno de los personajes, no pude evitar cantar en silencio una de las canciones que da el disparo de salida al clímax final.

Con la sensación que el texto, que a veces dilata de más la narración, podría haberse recortado un poco, la obra deja un buen gusto de boca y con ganas de volver a ver a Verdaguer y Ulldemolins encima del escenario.

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